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La Paradoja del WiFi:De Hedy Lamarr al Desafíoen los Hogares Mexicanos

por Quetzali Hernández
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LUIS SÁNCHEZ

Hedy Lamarr actriz y científica inventora del WiFi.

El 9 de noviembre conmemoramos el nacimiento de Hedy Lamarr (1914–2000), una figura cuya fascinante vida como estrella de Hollywood a menudo eclipsa su brillante contribución a la ciencia: la invención de la primera versión del espectro ensanchado por salto de frecuencia junto a George Antheil, tecnología que sentó las bases para el moderno wifi y el bluetooth. Su ingenio, desarrollado en un contexto bélico, nos regaló la promesa de una comunicación inalámbrica y accesible para todos, transformando radicalmente el modo en que nos conectamos.

La ubicuidad de la tecnología de Lamarr hoy es innegable. El WiFi, ese hilo invisible que teje la vida moderna, es ahora tan esencial como el agua o la electricidad. Sin embargo, en un país como México, la conmemoración de esta inventora se torna una reflexión agridulce. Mientras sus hijos acceden a la red en las grandes urbes, una proporción significativa de la población rural y de bajos ingresos sigue luchando por una conexión estable y, sobre todo, asequible. A finales de 2023, la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) mostró que más del 25% de los hogares en México aún carecen de una conexión a Internet fijo.

La realidad que enfrentan miles de padres de familia mexicanos es un enorme reto socioeconómico. La conexión a Internet ha pasado de ser un lujo a una necesidad educativa fundamental. Con la digitalización de la educación, el acceso a la red ya no es opcional: es el aula virtual donde sus hijos deben cumplir con las tareas escolares, realizar investigaciones y participar en clases a distancia. Esta presión se intensificó notablemente con la pandemia, haciendo del WiFi un insumo crítico para la continuidad escolar.

Este imperativo educativo choca de frente con la realidad económica de las familias. El ingreso promedio en México sigue siendo insuficiente para absorber los costos de servicios de telecomunicaciones que a menudo se posicionan entre los más caros de América Latina, según diversos informes. Para un hogar promedio en México, el costo mensual de un paquete de Internet de fibra óptica con una velocidad de 50 a 100 Mbps ronda entre $400 y $600 pesos mexicanos, lo que representa una porción considerable del ingreso mensual de las familias de bajos recursos.

Las grandes empresas de telecomunicaciones mantienen tarifas que, aunque ofrecen diversas velocidades y paquetes, representan una carga considerable en el presupuesto mensual de un hogar modesto. Un informe de la consultora Cable.co.uk ubicó a México, en 2023, con un costo promedio por plan de banda ancha fija que resulta alto en comparación con el ingreso promedio, superando a varios países de la región. La falta de una competencia verdaderamente agresiva en el mercado de banda ancha fija permite a las compañías conservar precios que penalizan el bolsillo familiar.

Paradójicamente, la tecnología que Hedy Lamarr ideó para un fin altruista (guiar torpedos sin ser interceptados) se ha convertido en un instrumento de desigualdad social en el contexto mexicano. El derecho a la educación de calidad está intrínsecamente ligado al derecho a una conectividad económica y eficiente. La Encuesta Nacional sobre Acceso y Permanencia en la Educación (ENAPE) ha señalado consistentemente que la falta de Internet y equipo es un factor que contribuye a la deserción o al bajo rendimiento escolar, especialmente en el nivel medio superior. Forzar a los estudiantes a depender de un Internet caro es, en esencia, poner una barrera más en su camino al progreso.

Es urgente un replanteamiento de las políticas regulatorias y tarifarias en el sector de las telecomunicaciones. La inventiva de Lamarr nos dio la herramienta; ahora toca a las autoridades y a las empresas asegurar que su uso no sea un privilegio, sino un derecho universal. Se requieren más subsidios, más infraestructura en zonas marginadas —donde el despliegue de fibra óptica es caro y lento— y, crucialmente, una presión real por parte del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) para que las tarifas se ajusten al poder adquisitivo de la inmensa mayoría de los hogares mexicanos

Honrar el legado de Hedy Lamarr no es solo recordar a una actriz y científica, sino luchar por la promesa de conectividad que su invento representa. El verdadero homenaje será cuando cada niño y niña en México pueda conectarse a la red para hacer su tarea sin que ello signifique un sacrifio económico para sus padres. La democratización del WiFi es la tarea pendiente de la nación en esta era digital. Nos leemos la siguiente semana y recuerda: luchar, luchar siempre, pero siempre luchar desde espacios más informados que construyen realidades menos desiguales y pacíficas.

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