El sueño del Padre Pulgarín es crear una pastoral prehospitalaria que atienda a los enfermos y al personal de urgencias médicas.

SONIA GABRIELA CEJA RAMÍREZ
Para el Padre Héctor Manuel Pulgarín Ayala hubo un suceso que marcó su niñez y definió una de sus vocaciones, la de servir a los demás auxiliando a las personas en situación de emergencia.
Cuando tenía 8 o 9 años presenció un accidente: un camión volcó en el Sector Libertad de Guadalajara. Él se encontraba jugando en la calle y vio que los heridos salían ensangrentados, asustados y gritando, pero también observó cómo, al llegar los socorristas de la Cruz Roja, los afectados se tranquilizaron confiando en que los expertos los auxiliarían.
“Al ver cómo confiaban en ellos, pensé, cuando sea grande quiero ser algo así”, señala el hoy Capellán de la Cruz Roja y los Cuerpos de Emergencia, quien además como sacerdote, atiende el templo de la Asunción.
“Empecé como rescatista voluntario en Protección Civil a los 14 años. Cuando entré al Seminario, teniendo conocimientos sobre primeros auxilios, me hicieron encargado de los servicios médicos durante casi toda la formación. Junto con Monseñor Ramón Salazar, en ese tiempo padre espiritual, fundamos una mutual de asistencia médica para seminaristas menores. A la par de mi formación, en 2012, estudié y me gradué como paramédico por parte de la Cruz Verde”.

ACERCARLOS A DIOS
“Sevir en estas corporaciones me apasiona. Es lo que quise hacer desde chico. Ayudar es algo muy satisfactorio en el ámbito espiritual y humano. Quienes sirven en los Cuerpos de Emergencia, por los horarios que manejan, muchas veces no están inmersos en el ambiente religioso. Creen en Dios y le piden su protección, pero hace falta quien los acompañe y los oriente. Yo trato de acercarlos a Dios y a la Iglesia, para que puedan tener sus sacramentos, confesarse, resolver sus dudas”.
No acude con sotana ni alzacuellos, porta su uniforme de la Cruz Roja o de la corporación que visita, lo cual le abre las puertas a todos los lugares y además facilita el diálogo con ellos. “Poco a poco me conocen y me buscan. Voy a las bases y los atiendo. En la Cruz Roja tenemos una Misa por semana; los bomberos todavía no, pero los visito y les celebro en días especiales como el Día del Bombero o el Día del Paramédico o cuando un elemento cae por labores del trabajo o por enfermedad, y se le hacen honores, yo trato de estar ahí para darles un aliento de esperanza. A los pacientes graves trato de ir a ungirlos al cubículo o en el hospital”.
POCA RESPUESTA, GRANDES SATISFACCIONES
“Tristemente, llevar esta pastoral es complicado porque no hay sacerdotes que quieran involucrarse. Algunos que tienen hospitales en su territorio parroquial pero no se dan el tiempo para atender a los enfermos, así que me toca asistirlos. Voy a la clínica 14, al Centro Médico, al hospital Ayala, a otros hospitales del IMSS así como a hospitales particulares. Prácticamente estoy yo solo, aunque hay un seminarista que si se está involucrando.
“Que uno como sacerdote llegue también al lugar de la emergencia le da a la gente la tranquilidad de que si bien son atendidos por profesionales de la salud, también pueden recibir el auxilio espiritual. Para mi es un don de Dios el poder llevarles la unción a quienes por desgracia están en peligro de muerte, ese es mi motor, saber que cuando la gente sufre, cuando hay dolor, cuando están agonizando, uno llega y ellos sienten paz en medio de todo eso, a mí me llena mucho”.
RECORDANDO AL PADRE “SIXTO”
“El legado del Padre José Luis Orozco Castañeda, hoy de feliz memoria, es muy fuerte. Cuando fui ordenado diácono en el 2009, me destinaron a Nuestra Señora de Belén, en el Antiguo Hospital Civil, donde él era capellán. Él me involucró un poco más con los comandantes y algunas corporaciones. Años después, cuando comenzaron sus problemas de salud me pidió apoyo, yo creía que con algunas Misas, pero me dijo que de tiempo completo y con nombramiento. Yo trato de continuar lo mucho que él hizo, pues estuvo 38 años en la Cruz Roja. Él tenía un gran carisma, yo soy más reservado”, refiere el Padre Pulgarín.

