PBRO. GIOVANNI CAMARILLO

Vivimos en un tiempo donde muchos jóvenes experimentan profundas crisis de sentido. La sociedad ofrece múltiples caminos de realización, pero a menudo se encuentran con un vacío existencial que no logran llenar. El exceso de información, el ritmo acelerado, las presiones académicas, sociales y laborales, junto con la fragilidad de los vínculos afectivos, generan preguntas que resuenan en el corazón juvenil: ¿quién soy?, ¿qué sentido tiene mi vida?, ¿vale la pena luchar por algo más grande que yo mismo?
Ante este panorama, el Evangelio no se presenta como un discurso más entre tantos, sino como una respuesta viva y concreta: la llamada a la santidad. En palabras del Papa Francisco, “no tengamos miedo de la santidad. No nos quitará fuerzas, vida o alegría” (Gaudete et exsultate 32). La santidad es, en realidad, la plenitud del ser humano, el horizonte al que cada joven está llamado, y la verdadera solución frente al vacío existencial.
LA CRISIS DE SENTIDO EN EL MUNDO JUVENIL
La juventud contemporánea se encuentra atravesada por tres grandes crisis de sentido:
1.La crisis de identidad. Muchos jóvenes no saben quiénes son ni hacia dónde van. La cultura líquida y cambiante los expone a una constante comparación con los demás, especialmente en las redes sociales
2.La crisis de pertenencia. En un mundo marcado por el individualismo, se sienten solos, desconectados de comunidades vivas que los sostengan.
3.La crisis de trascendencia. El materialismo y el relativismo los alejan de las preguntas últimas: Dios, el más allá, la vocación.
Estas crisis no deben verse como condena, sino como un terreno fértil donde el Evangelio puede iluminar con fuerza y mostrar un camino más alto: la santidad.
LA SANTIDAD COMO RESPUESTA DEL EVANGELIO
Jesús no ofrece una vida cómoda ni sin retos, sino una vida plena: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Esa abundancia se traduce en la llamada universal a la santidad.
El Concilio Vaticano II fue claro al respecto: “Todos los fieles de cualquier estado o condición están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (Lumen Gentium 40). Esto significa que la santidad no es un lujo reservado a unos pocos, sino el proyecto de Dios para todos sus hijos, especialmente los jóvenes que buscan un rumbo en sus vidas.
Frente a la crisis de identidad, la santidad recuerda al joven que es hijo amado de Dios, creado a su imagen y semejanza, llamado a ser único y original. Frente a la crisis de pertenencia, la santidad inserta al joven Santo en una comunidad viva de fe, donde no camina solo, sino acompañado por hermanos y hermanas. Y frente a la crisis de trascendencia, la santidad abre la mirada hacia el cielo, enseñando que la vida tiene un sentido eterno.
JÓVENES: TESTIMONIOS LUMINOSOS
La Iglesia, a lo largo de la historia, ha reconocido a jóvenes que respondieron al Evangelio en medio de las dificultades de su tiempo. Pier Giorgio Frassati, estudiante italiano que entregó su vida en el servicio a los pobres, enseñaba: “Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, sin sostener en una lucha continua la verdad, no es vivir, es ir tirando”.
Carlo Acutis, adolescente del Siglo XXI, utilizó la tecnología para evangelizar y recordaba que “la Eucaristía es la autopista al cielo”. Su vida breve, pero intensa, ha mostrado a miles de jóvenes que la santidad es posible en medio de videojuegos, redes sociales y aulas escolares.
Estos ejemplos, que fueron canonizados por el Papa León XIV, muestran que la santidad no es cosa del pasado ni patrimonio de religiosos o mártires, sino un llamado actual y alcanzable para todo joven que decide seguir a Cristo con radicalidad.
UN CAMINO CONCRETO
La santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en vivir con amor lo ordinario. Un joven puede ser santo estudiando con responsabilidad, sirviendo en su Parroquia, amando a su familia, siendo honesto en su trabajo, practicando la justicia y cuidando de los más débiles.
El Papa Francisco lo resume de manera clara: “La santidad es el rostro más bello de la Iglesia” (Gaudete et exsultate 9). Cuando un joven se atreve a caminar en este camino, no sólo encuentra sentido a su vida, sino que también ilumina la vida de quienes lo rodean.
ESPERANZA PARA UNA GENERACIÓN
La crisis de sentido que viven los jóvenes no es el final de la historia. Al contrario, es la oportunidad de redescubrir que Cristo es el único capaz de llenar el corazón humano. La santidad no anula sus sueños, sino que los purifica y los eleva, convirtiéndolos en una misión que transforma al mundo
En este 2025, al contemplar la canonización de Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis, podemos a rmar con esperanza que la santidad sigue siendo la respuesta más profunda y actual al drama del vacío juvenil. Ellos son el testimonio vivo de que el Evangelio no pasa de moda, y que quien se atreve a vivirlo encuentra sentido, plenitud y alegría.
