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LA SERIE DE STAR WARS

por Quetzali Hernández
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ANDOR

La lucha entre el bien y el mal

FABIÁN ACOSTA RICO – UNIVA

Un intrépido piloto, sensible a la Fuerza, destruye la Estrella de la Muerte, la estación de batalla más letal de la galaxia. Pero ese golpe certero al Imperio fue posible gracias al sacrificio de otros héroes menos conocidos, como Cassian Andor, el agente rebelde que robó los planos que revelaron su punto débil. Así, Luke Skywalker pudo acertar el tiro que cambiaría el rumbo de la guerra.

Ambientada cinco años antes de Rogue One y catorce después de La venganza de los Sith, Andor ha sido bien recibida por los fans de Star Wars. Disney necesitaba un éxito tras los fracasos de series como Kenobi o the Acolyte, criticadas en redes y con audiencias bajas. A diferencia de Skeleton Crew, dirigida a un público juvenil y con tintes de aventura estilo Stranger things, Andor ofrece una propuesta más madura en su segunda temporada.

¿Qué hace especial a Andor? A diferencia de otras entregas centradas en los Jedi y los Sith, esta serie enfoca su narrativa en personas comunes que, hartas de la opresión imperial, decidieron resistir. Es el relato de los orígenes de la Alianza Rebelde, nacida desde abajo, cuando el Imperio expoliaba mundos en beneficio de unos pocos.

Un meme circula en internet con George Lucas preguntando por qué algunos fans idealizan al Imperio. Motivos no faltan: la estética de sus uniformes, el diseño de Darth Vader, o las fantasías autoritarias de quienes creen que el reinado de Darth Sidious trajo paz e igualdad, aunque fuera por la vía de la represión militar.

Andor desmonta estos mitos. Según el canon que ha impulsado Kathleen Kennedy, el Imperio fue brutal, represivo y corrupto. Como muchas tiranías, contó con una oligarquía que se beneficiaba del sistema y era indiferente al sufrimiento de las mayorías, en una crítica que recuerda a Los juegos del hambre.

La serie no sólo explica los orígenes de la rebelión, también la justifica, al denunciar la injusticia del orden galáctico. Recupera además las referencias a la Segunda Guerra Mundial que tanto agradaban a Lucas. La  gura de una “Gestapo imperial” se encarna en Dedra Meera y Syril Karn, agentes de contrainteligencia que intentan sofocar una incipiente conspiración en el planeta Ghorman.

Ghorman, curiosamente, es un centro galáctico de la moda, hogar de los mejores diseñadores. Es la Francia del Imperio Galáctico: elegante, artística, pero también foco de resistencia. En su capital, donde el despiadado Mo Tarkin masacró a 500 manifestantes, se erige un monumento a los mártires que siempre atrae protestas-

Andor, fugitivo por naturaleza, llega al planeta por orden de su jefe, el enigmático Luthen Rael. Ahí, un grupo de conspiradores planea atacar un convoy imperial. Pero Andor, escéptico y curtido, ve el plan como una locura. No es un Jedi ni tiene poderes sobrenaturales; es un hombre sencillo pero valiente, que actúa movido por su propio código ético. Como se verá en Rogue One, está dispuesto a sacri carse por la causa.

Star Wars siempre fue una historia maniquea: buenos y malos, blanco y negro. Andor mantiene esa claridad moral y no se disculpa por ello. Muestra al Imperio como un régimen maligno e injusto, y valida la decisión de quienes eligieron alzarse en rebelión para restaurar la República. Así, Andor devuelve a la saga una carga política y ética que muchos fans echaban de m

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