RAMIRO ESCOTO RATKOVICH
El Papa León XIV vuelve a llamar la atención mundial haciendo referencia a su Encíclica Magnifica Humanitas, y es el mismo de siempre: una innovación tecnológica, liderada por la Inteligencia Artificial (IA), que sirve a la dignidad humana, fortalece los lazos y, por lo tanto, es un instrumento de paz, no de mayor división y fragmentación. Ante un progreso cada vez más imparable, León XIV reitera su esperanza en su mensaje a los participantes de AI4Peace, que se celebró en días pasados en la Pontificia Universidad Lateranense. Está dedicado a las oportunidades y los desafíos que plantea la Inteligencia Artificial en los procesos de prevención y resolución de conflictos, la protección de los derechos humanos y la construcción de nuevos modelos de gobernanza.
El saludo del Papa les llegó a todos a través de un texto leído al inicio del encuentro por el Padre Andrea Ciucci, canciller de la Academia Pontificia para la Vida. «En un mundo marcado por el conflicto y la división, el desarrollo de la Inteligencia Artificial requiere una visión inspirada en la sabiduría y la caridad, para que el progreso tecnológico sirva a la dignidad de cada persona y fortalezca los lazos que unen a la familia humana»
Cita su Encíclica Magnifica Humanitas, donde afirma que «el plan de misericordia de Dios continúa desarrollándose en la historia incluso hoy», y «se convierte en una brújula en la era digital para vivir nuestras vidas según el Evangelio». A la luz de esta convicción, el Papa los anima a «profundizar en cómo la Inteligencia Artificial, guiada por una genuina preocupación por el bien de los demás, puede fomentar el diálogo, la reconciliación y la solidaridad entre los pueblos, ayudando a transformar los frutos de la innovación tecnológica en instrumentos de paz».
Su santidad ha insistido en sus más recientes mensajes de los miércoles de audiencia sobre los peligros que ya se han experimentado en el uso cotidiano de la IA, por ejemplo, en deshumanizar, alejar del contacto a las personas y llevarlas a un nivel fuera del mundo, de esa naturaleza hecha por Dios. De hecho, mencionó en un encuentro la reciente nota que en España comenzó a preocupar a la ciberseguridad: el hecho de que una inteligencia artificial habría logrado intervenir un servidor por cuenta propia por lo que agrava aún más el hecho de que estas tecnologías incluso han desobedecido la orden de quien las programa.
«La paz no puede considerarse simplemente como la ausencia de guerra», explica Francisco Rojas Aravena, rector de la Universidad de la Paz de la ONU y uno de los ponentes de la conferencia. «La paz es un proceso que requiere instituciones, conocimiento, cooperación y la capacidad de abordar las causas profundas del conflicto». Y la IA, como esperaba el Papa, «puede ofrecer herramientas extraordinarias en este sentido, pero también puede amplificar las desigualdades, las tensiones y nuevas formas de conflicto». El reto de IA para la oaz es, por tanto, «crear un diálogo internacional que nos permita comprender estas transformaciones y promoverlas de forma coherente con los principios de paz, derechos humanos y dignidad humana».
«La paz no puede considerarse simplemente como la ausencia de guerra», explica Francisco Rojas Aravena, rector de la Universidad de la Paz de la ONU y uno de los ponentes de la conferencia. «La paz es un proceso que requiere instituciones, conocimiento, cooperación y la capacidad de abordar las causas profundas del conflicto». Y la IA, como esperaba el Papa, «puede ofrecer herramientas extraordinarias en este sentido, pero también puede amplificar las desigualdades, las tensiones y nuevas formas de conflicto». El reto de IA para la Paz es, por tanto, «crear un diálogo internacional que nos permita comprender estas transformaciones y promoverlas de forma coherente con los principios de paz, derechos humanos y dignidad humana».
«La paz no es ajena a la defensa de la vida, es una de sus condiciones fundamentales», subraya Monseñor Renzo Pegoraro, presidente del PAV. Ante la Inteligencia Artificial, «no basta con preguntarnos qué puede hacer la tecnología, sino hacia qué propósito queremos orientarla». Por lo tanto, la ética debe «formar parte del proceso de diseño», y la responsabilidad humana «no puede disolverse tras la complejidad de la máquina».

