Fabián Acosta Rico | UNIVA

Vivimos en una época de consumismo. ¿Alguien lo duda? Ten una idea ganadora, crea un personaje que impacte el mercado global y, con suerte, hazte famoso y rico. En los años 50, Snoopy, de Peanuts, se volvió popular y hoy sigue siendo un fenómeno.
La lista de personajes icónicos con gran marketing es extensa. Hello Kitty y Garfield cumplen su misión de vender loncheras, playeras y llaveros. Además, franquicias como My Little Pony y Los Pitufos, impulsadas por series de televisión, han generado coleccionables exitosos.
Más recientemente, sin respaldo de un programa o videojuego, pero con el impulso de redes sociales, aparecieron los Sonny Angels y los Ternurines, atrapando al público femenino en el coleccionismo.
Ahora, la nueva estrella del consumismo son los extravagantes Labubu: personajes de ojos grandes, orejas puntiagudas, dientes afilados y cuerpo de mameluco.
Estos peluches no solo decoran camas, sino que también acompañan a sus dueñas como accesorios en bolsos y mochilas. Son una tendencia fashionista entre las amantes de la cultura pop, atrayendo a adolescentes, jóvenes y mujeres mayores. Abundan los videos en redes sociales de coleccionistas reaccionando a los unboxing de cajas sorpresa.
El origen de estas figuras se remonta a 2015, cuando fueron creadas por el artista hongkonés Kasing Lung como parte de su serie de libros The Monsters, inspirados en la mitología y los cuentos de hadas europeos. Esta referencia quizá explique las leyendas negras que circulan sobre ellos. Lung conoció el folclore europeo en su infancia, ya que vivió en los Países Bajos. Sus personajes conjugan influencias culturales occidentales y orientales, resultando en seres inspirados en los elementales de la naturaleza, pero con un toque kawaii.
El marketing de estos personajes ha contado con el respaldo de celebridades de la cultura pop, favoreciendo su posicionamiento en mercados como México. Lisa, de Blackpink, viralizó videos con sus Labubu.
Existen ediciones limitadas consideradas obras de arte, por las que los fanáticos pagan sumas elevadas.
Su idea mostró potencial, por lo que la empresa china Pop Mart colaboró con él para lanzarlos globalmente en blind boxes, aumentando su atractivo, pues los compradores desconocen qué versión recibirán.
FANATISMO CARO
El coleccionismo de Labubu ha fomentado la creación de una comunidad internacional de fanáticos en plataformas digitales, aumentando su popularidad. Muchas de estas figuras son consideradas artículos de lujo, alcanzando precios de hasta 15 mil pesos.
El imaginario mítico-mágico sigue presente. A pesar del pensamiento positivista, la humanidad no se ha desconectado de sus creencias en fuerzas mistéricas.
Recordemos los rumores sobre el supuesto origen maligno de Los Pitufos y cómo algunas figuras cobraban vida.
En la primera década del milenio, los elfos, inspirados en la tradición celta, generaron videos donde parecían moverse.
¿Sugestión colectiva o fenómenos paranormales? Dejamos la explicación al criterio de cada quien. Lo innegable es que los Labubu han sido mitificados. Circulan videos advirtiendo sobre su “peligro”. Algunos afirman que los seres que los inspiraron son guardianes de portales conectados con dimensiones oscuras.
Se les califica como las mascotas favoritas del Maligno, y se dice que poseerlos atrae entidades demoniacas.
Incluso se cuenta una historia de la Edad Media sobre una niña que encontró un Labubu en el bosque. Este ser se ganó su confianza hasta que un día apareció con más de su especie y la devoraron viva. En internet circula la creencia de que los Labubu se alimentan de lasalmas de sus dueños. “¿Para qué comprar y hacerte acompañar de tu depredador elemental?”, advierten youtubers de lo paranormal.
Cada generación tiene personajes icónicos que, como fenómenos culturales y económicos, reclutan el gusto consumista de fanáticos. Algunos corren con la mala o buena suerte de ser satanizados, como Los Pitufos, los elfos y ahora los Labubu, al ser vinculados con fuerzas siniestras, haciendo que su posesión sea considerada un acto psíquico y espiritual supuestamente riesgoso.

