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Las formas del amor

por Quetzali Hernández
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Desde el Corazón

QUERIDA LUPITA:
Mi hermana falleció y nos hemos quedado con sus hijos. Pasamos de ser padres de dos a padres de cuatro. Necesitamos sugerencias para que haya armonía. Los nervios y la incertidumbre nos han hecho ser groseros y actuar desesperados. Creo que no nos estamos ganando su amor. Nosotros queremos ayudarlos realmente; ellos ya son nuestros hijos también. Ana Lucía L.

HERMANA MÍA, ANA:

“El generoso prosperará” (Prov. 11, 25-28)

Tenemos un dicho popular, basado en las Sagradas Escrituras, que dice esta verdad: Dios no se deja ganar en generosidad. Ustedes han respondido generosamente a esta necesidad de dar hogar a dos pequeños. ¡Esto es encomiable! ¡Confíen!

Invitando a Dios a afrontar el reto, la prosperidad en todos sentidos llegará a su familia. San Juan Pablo II, en su carta a las familias, nos explica que cuando Dios nos aconseja en el Cuarto Mandamiento: Honrarás a tu padre y a tu madre, está indicando también que los padres han de honrar a sus hijos, que han de ser dignos de dicho respeto.

“Padres, actúen de modo que su comportamiento merezca la honra y el amor por parte de sus hijos. No dejen caer en un vacío moral la exigencia divina de honrarles a ustedes. Se trata de una honra recíproca” (numeral 14)

Y honrar significa servir, atender, cuidar, comprender, considerar. ¡Todas ellas son formas concretas del amor! Vivir estas manifestaciones es la llave que abre el corazón de los hijos y de los padres. El camino hacia una vida familiar armoniosa pasa por la práctica de las virtudes humanas.

Amor no es sentimiento, sino “vencimiento”. Practicar el dominio propio y evitar las faltas de respeto, los gritos, los golpes y las malas palabras. Todo esto es aprendido y puede ser eliminado de nuestras prácticas cotidianas.

En cambio, todos los días se pueden poner en práctica:
Servir: Esforzarnos por ayudar a quien nos necesita en casa.
Atender: Al que está enfermo o en cualquier situación de desventaja.
Cuidar: Nuestro modo de tratar a los demás y a las cosas de casa.
Comprender: Justificar el actuar del otro, sin juzgar, sino buscando la forma de ayudar.

Considerar: Tratar de aportar lo que el otro necesita: ¿silencio?, ¿orden?, ¿comunicación?, ¡escucha sus necesidades!

Las familias cristianas sabemos que,
con la ayuda de Dios, entendemos y vivimos el sentido íntegro de la mutua donación. Debemos valorarnos a nosotros mismos y también a los demás; es pensando en el bien de ellos que encontramos el nuestro propio.

Lupita Venegas
Facebook: lupitavenegasoficial

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