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Las visitas pastorales

por Michelle Fletes Rubio
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LAURA CASTRO GOLARTE

Aunque he hecho referencia a las visitas pastorales del siervo de Dios, Fray Antonio Alcalde, se trata de uno de los hechos más complejos que, por su avanzada edad, el dominico realizó sus últimos años de vida, tanto en la Diócesis de Mérida como en la de Guadalajara.
En Yucatán, con algunos años menos y una Diócesis extensa, pero no tanto como la novogalaica, el Obispo recorrió dos veces todo el territorio. Y en Guadalajara lo intentó, pero no le fue posible. Cuando llegó a Mérida Fray Antonio Alcalde tenía casi 62 años y medio; y cuando finalmente ocupó la mitra tapatía, estaba a unos meses de cumplir 71.
La historiadora Águeda Jiménez Pelayo investigó y escribió Visita Pastoral del Obispo Fray Antonio Alcalde a la Diócesis de Guadalajara 1775/1776 (1992) sobre la visita pastoral de Alcalde en la Diócesis de Guadalajara, pero antes explicó que las visitas pastorales eran una obligación de los Obispos por el decreto Christus Dominus y básicamente eran dos los propósitos: que el prelado se informara de manera directa sobre la situación en cada parroquia perteneciente a la Diócesis e “impulsar a todos los fieles para que cumplan con mayor intensidad sus propios deberes”.
Por referencias de Obispos anteriores a Alcalde, se sabe de la inmensidad de la Diócesis y no sobra añadir otros testimonios a los ya descritos, como el de Alonso de la Mota y Escobar que fue Obispo de 1598 a 1605, por ejemplo, que emprendió las visitas en el inicio del siglo XVII y escribió: “Yo he andado cuasi mil leguas visitando, y he gastado dos años y aún no he acabado y quedo de los malos caminos y temples tan quebrado en la salud que no podré tornar a visitarlo”. A pesar de ello, nos cuenta la Dra. Águeda, De la Mota emprendió dos visitas más en 1603 y en 1605.
Con base en una demarcación de límites de mediados del siglo XVI, la Diócesis comprendía la mitad de lo que hoy es el estado de Jalisco y las actuales entidades de Aguascalientes, Zacatecas, Nayarit, Sinaloa, Durango, parte de San Luis Potosí y todo el norte del territorio aún sin conquistar. Agrega Águeda Jiménez:
“Las regiones que se añadían al dominio español pasaban a formar parte de la diócesis. Por este motivo las Californias, Arizona, Texas y Nuevo México pertenecieron un tiempo a la diócesis de Guadalajara”; luego apunta que perdió un poco de extensión cuando en 1620 se creó la Diócesis de Durango y mucho más cuando, en 1777, en tiempos de Alcalde, el papa Pío VI ordenó la fundación de la Diócesis de Linares con base en lo escrito por Luis Pérez Verdía, quien hizo la siguiente descripción y comparto con la ortografía original de fines del siglo XIX:
Alcalde “emprendió bien pronto la visita pastoral, atravesando desiertos, subiendo sierras fragosísimas como las de Nayarit y de Comanja y cruzando por diversos climas, sin que le arredraran los peligros de las enfermedades ni las fatigas de prolongados caminos”.
Tanto esta visita como las que emprendió en la Diócesis yucateca son evidencia innegable de la fortaleza del prelado. En la península, además del clima caluroso y tropical, con vías en pésimas condiciones, había que estar al alba de los peligros que representaban los piratas que usaban playas y esteros de Tabasco como escondite, amén de las conductas reprobables de parte de la feligresía en la zona. A tres meses del fallecimiento del Obispo de Guadalajara, predicó un sermón el tesorero de la Iglesia, Juan Joseph Moreno y relató que “tuvo peligros en el mar océano que atravesó, y los tuvo aún mayores en diversas costas de él, aquellas costas de temperamentos inclementes, que anduvo haciendo dos visitas santas en Tabasco y en Yucatán, en donde parecía que el aire que inspiraba era fuego, y en donde insectos y animales tan incómodos como venenosos, le robaban el descanso de la noche, y le amenazaban peligros a todas horas”.
Desde que se desarrolló el proceso de nombramiento de Alcalde como Obispo de Guadalajara, por lo menos en dos informes se hizo hincapié en que no debía oponerse al desmembramiento de la diócesis, como sí hizo en Yucatán.
A partir de este primer encuentro con la gente y las tierras de la extensísima Diócesis fue que Alcalde empezó a impulsar la solicitud añeja, por un lado, de la erección de un nuevo obispado en los hoy estados de Nuevo León y Coahuila en México y Texas (Nuevas Filipinas) y Luisiana en Estados Unidos.
Y, por otro, según se desprende del texto de Pérez Verdía, mientras llegaba la Real autorización, como ya se ha descrito, solicitó que se nombrara a un obispo auxiliar a quien le pagaría cuatro mil pesos de renta al año.

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