H. María Del Socorro Cortés Jáuregui
Vivir en las comunidades indígenas del sureste y norte de México es adentrarse en una realidad donde la mujer es pilar fundamental de la vida.
Durante siete años, recorrí pueblos mixes y zapotecos, experimentando su cultura, su resistencia y su espiritualidad.
Participé en ritos ancestrales, aprendí de la medicina tradicional y compartí con comunidades organizadas que buscan mejores condiciones de vida.
El liderazgo femenino en estos pueblos es comparable con los horcones de una casa. Las mujeres zapotecas desempeñaban un papel muy importante en las asambleas de la comunidad, en la toma de decisiones y en la dinámica de la vida.
Tienen su propia estructura de liderazgo y participan en la economía del hogar, como las “mujeres vendedoras”, encargadas del comercio y las transacciones económicas y políticas del pueblo.
Después de esta experiencia en el sureste, llegué a la Sierra Tarahumara, donde encontré otro rostro del liderazgo femenino. A pesar del frío y de las duras condiciones de vida, las mujeres raramuri sostienen la armonía del mundo a través de la fiesta y el trabajo solidario en la comunidad.
Para conocer sus creencias, sus mitos y su mundo, hay que entrar con los pies descalzos, porque una cultura diferente es un espacio sagrado. Un sabio consejo del Ronco Robles, de feliz memoria, me acompañó en este proceso: “Solo hay que estar con ellos y hacerlos amigos, eso es preciso…”. Además de conocer y respetar su visión del mundo y sus orígenes, es esencial comprender la interacción entre la mujer y el hombre en la construcción de la comunidad.
Desde la cosmovisión raramuri y ódame, la vida se entiende en relación con la naturaleza y la espiritualidad.
Onorúame, el Dios que es padre y madre, hizo una figura humana de barro, la cosió y la tostó hasta dejarla en su punto. Luego sopló en su rostro, dándole alma y vida, y así creó al raramuri. Mientras tanto, su hermano mayor (diablo o el de abajo) hizo otra figura humana, pero la dejó poco tiempo en el fuego, por lo que quedó demasiado blanda y blanca, y de ahí surgió el chabochi (hombre blanco y barbudo) El hermano mayor pidió ayuda a Onorúame para que el monito de barro pudiera sostenerse y tener vida. En este mito, entendemos la creación de la humanidad y la presencia del mal, que constantemente irrumpe en la historia humana con la violencia. (Taller de Teología India, 2003).
La mujer es protegida por la luna, Eyerúame, y el hombre por el sol, Onorúame. Juntos, tienen la misión de sostener el mundo en armonía.
Este equilibrio se expresa en la vida cotidiana: la comunidad trabajando unida en salud, seguridad alimentaria y cuidado de los recursos naturales. Las mujeres lideran estos procesos, manteniendo una visión holística de la salud, donde estar bien significa vivir en paz, en conexión con la naturaleza y la comunidad. En estos pueblos, curar no es solo atender un cuerpo enfermo, sino sanar el espíritu y fortalecer los lazos colectivos.
Esta forma de vida enseña una profunda lección: el ser humano no es el centro del universo, sino un eslabón en una red de equilibrio con la Madre Tierra y el cosmos.
La fiesta y el trabajo comunitario son expresiones de una memoria histórica que se reactualiza constantemente, restaurando relaciones y fortaleciendo la comunalidad.
En la Sierra Tarahumara, la mujer es una guía en este proceso. Su liderazgo se manifiesta en la reproducción y sostenimiento de la vida, en la organización social y en la transmisión del conocimiento ancestral. Su labor es esencial para el bienestar de la comunidad. Actualmente, la mujer raramuri, ódame, es la mujer fuerte, la que sabe correr, la que tiene mucha resistencia y constantemente renueva su espíritu guerrero y resiliente.
Mi experiencia en estas tierras me permitió descubrir un Dios Mamá-Papá, cercano, tierno e incluyente. Aprendí que vivir con estas comunidades es entrar en un intercambio de felicidad y abundancia, donde la vida se goza y se comparte. En su mirada transparente y en su tranquila impaciencia, entendí que estar con ellos es aprender a mirar el mundo de manera más holística y en armonía.


