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Llamados a convertirnos para recibir al Señor Jesús

por Michelle Fletes Rubio
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Juan López Vergara

El Santo Evangelio del domingo anterior, justo al inicio del Adviento, nos exhortaba a estar preparados para despertar a la realidad, y celebrar con esperanza y fidedigno compromiso la llegada del Señor Jesús. En el de hoy, nuestra Madre Iglesia, nos anima a disponernos con humildad a vivir una auténtica conversión ante el Señor Jesús que ya está por llegar (Mt 3, 1-12).
PREPARAR AL PUEBLO ANTE LA LLEGADA DEL MESÍAS
Este pasaje evangélico nos muestra a Juan el Bautista, quien comenzó a predicar en el desierto de Judea (véase v. 1). Él ofrecía un claro testimonio de santidad y el más sublime anuncio, con el fin de preparar adecuadamente al pueblo de Israel; el cual de cara al mensaje del profeta acudía con humilde disposición ante la inminente llegada del Mesías: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos. Juan es aquel de quien el profeta Isaías hablaba, cuando dijo: ‘Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos’. Juan usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. Acudían a oírlo los habitantes de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región cercana al Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el río” (vv. 2-6).
UN LLAMAMIENTO A SER CONGRUENTES
A muchos fariseos y saduceos que también se acercaban para recibir el bautismo, el indómito profeta del desierto, con lacerante lenguaje, los conminaba a ser personas realmente congruentes: “Raza de víboras, ¿quién les ha dicho que podrán escapar al castigo que les aguarda? Hagan ver con obras su conversión y no se hagan ilusiones pensando que tienen por padre a Abraham, porque yo les aseguro que hasta de estas piedras puede Dios sacar hijos de Abraham. Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no de fruto, será cortado y arrojado al fuego” (vv. 7-10).
EL MENSAJE ES CRISTOLÓGICO Y CRISTOCÉNTRICO
Juan el Bautista, de quien Jesús se refirió como el hombre más grande entre los nacidos de mujer (compárese Mt 11,
11), ofrece un bautismo de conversión, pero humildemente reconoce y claramente con esa que detrás viene Alguien infinitamente más grande que él: “Yo los bautizo con agua, en señal de que ustedes se han convertido; pero el que viene detrás de mí, es más fuerte que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará en el Espíritu Santo y su fuego” (v. 11). El ‘fuego’ simboliza la intervención de Dios, que purifica las conciencias (compárese Za 13, 9). El mensaje medular de este pasaje evangélico es cristológico y cristocéntrico, puesto que manifiesta la necesidad indispensable de una auténtica conversión que se transforme en obras, para poder recibir al Señor Jesús, ante y por Quien se decide todo, ya que:
“Él tiene el bieldo en su mano para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue” (v. 12).
Muy apreciables lectores, en este segundo domingo de Adviento para actualizar la Palabra de Dios dispuestos a recibir al Señor Jesús, los exhorto a escuchar el rotundo llamado que se nos hace de la imprescindible necesidad de una auténtica conversión.

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