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Llevar a la Virgen

por Quetzali Hernández
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PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La Llevada de la Virgen constituye un acontecimiento que sigue marcando el calendario de la Arquidiócesis de Guadalajara y de muchas otras regiones más allá de sus fronteras. ¿Qué nos convoca? La respuesta es múltiple: la fe, la gratitud, la familia, la tradición, la memoria, las raíces, la esperanza, la necesidad espiritual, la satisfacción religiosa, la poderosa vitalidad de la creencia transformada en una increíble variedad de expresiones.

La primera “Llevada de la Virgen” ocurrió el miércoles 4 de mayo de 1691, luego de haber permanecido la Venerada Imagen en la Catedral desde el 25 de abril, en una ciudad asediada por los temblores y las epidemias. El punto de arribo y de salida fue el templo de Santa María de Gracia. El secretario canciller de ese entonces, don Martin Pérez de Santacruz escribió: “A las cuatro de la mañana salió la procesión para regresar la sagrada Imagen a su santuario, cargada en andas, y con abundante concurso de fieles, clero y órdenes religiosas. Ya colocada en su altar se cantó una Misa, y por la tarde se rezó el Rosario con asistencia del señor Obispo…. Y así mismo, certifico que al tiempo que la gran Señora salió de esta ciudad y algunos días antes, era público y notorio en Ella que ya había cesado la enfermedad pestilente, y que los enfermos eran muy pocos y fuera de riesgo, y así mismo, que todo el tiempo que la Sacratísima Imagen estuvo en esta ciudad, no hubo más que un temblor de tierra y que ni después hasta hoy se ha sentido otro alguno”.

Esa primera “Llevada de la Virgen”, de la que tenemos noticia documentada, estuvo profundamente marcada por la gratitud y, en consecuencia, por el acompañamiento de toda la ciudad y de sus autoridades, justo un año antes de que se comenzara a construir el actual santuario. El recinto anterior que pervivirá hasta principios del siglo XIX, adosado al nuevo, era una pequeña iglesia muy parecida a la de San Juan de Ocotán y otras similares que sobreviven en los pueblos indígenas del Valle de Atemajac.

A 334 años de ese acontecimiento, acompañar a la Virgen de regreso a su Santuario sigue siendo un acto marcado primordialmente por la gratitud, el sentido de comunidad, la generosidad que supone el esfuerzo, y la concatenación de generaciones creyentes, es como si un invisible lazo de quinientos años mantuviera unida la Catedral de Guadalajara con la Basílica de Zapopan, un lazo histórico sostenido por infinidad de personas que a lo largo del tiempo y de sus épocas van cambiando sus vestuarios, sus estilos y modas, pero no su fe cristiana y su devoción acendrada a la Virgen María representada desde 1530 en esta pequeña y sencilla imagen hecha de pasta de maíz y miel de orquídeas, imagen dinámica y todo el tiempo peregrina, imagen que la Divina Providencia dio a esta Diócesis como emblema de la evangelización y de la unidad católica.
armando.gon@univa.mx

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