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Los valores del Reino nos fortalecen

por Quetzali Hernández
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Jesús, en el Evangelio de San Lucas, que estamos leyendo estos domingos, se dirige a Jerusalén, y en el camino va formando a sus discípulos, y va haciendo experiencia de lo que Él quiere establecer aquí en el mundo

En esta experiencia con sus discípulos estamos incluidos nosotros. El Señor destinó a otros setenta y dos discípulos, además de los apóstoles, y los envió a todos los pueblos donde pensaba ir.

Este número tiene, en la Iglesia de Jesús, la intención de proyectar su obra a todas las naciones. Con este envío está indicando que su misión llegue absolutamente a todas las culturas.

En Pentecostés las personas que estaban ahí, llegados de todas partes, aunque hablaran idiomas diferentes, entendían el lenguaje de los apóstoles en su propia lengua. En este episodio se hace evidente que el mensaje de Jesús llegue a todas las naciones.

¿Estamos conscientes que la tarea de evangelizar no solo corresponde a obispos y sacerdotes? Ellos están representados en los Doce apóstoles, pero ahora hablamos de un grupo de setenta y dos discípulos, tomados de entre los que seguían al Maestro. Era la misma misión que a los apóstoles.

Todos estamos llamados a ser testigos, a difundir, a defender, a compartir la fe en Jesucristo, y lo tenemos que hacer no individualmente, sino en comunidad, porque su mensaje debe ser de amor, dar testimonio de caridad, porque así es el contenido del mensaje de Jesús.

Nos envía para ser testigos y promotores de paz. Así saludaba a sus discípulos: “La paz esté con ustedes”, y así pidió que se presentaran en cada casa que visitaran.

Estos dos valores (amor y paz) se manifiestan en el anuncio de que ya se acerca el Reino de Dios, y se concretiza en la curación de los enfermos. Anhelamos la paz, pero los humanos hacemos la guerra.

Como hijos de Dios deseamos la justicia, pero muchas veces acabamos por ser agentes de descalificación y opresión de los demás.
Queremos una vida plena para ser felices y sentirnos realizados, pero causamos dolor en los otros.

Aceptamos el Reino de Dios cuando vivimos en la verdad, en la paz, en el amor, en la justicia, en el respeto a la vida y respetamos la dignidad de las personas.

Este proyecto de Jesucristo de establecer su Reino se lo dejó a su Iglesia, y nos toca ahora hacerlo nuestro y vivirlo, testimoniando con nuestra vida todos los valores que conforman el Reino de Dios.
También advierte a sus discípulos que esta tarea no será fácil, que sus discípulos van como ovejas entre lobos. El anuncio del Evangelio encuentra mucha persecución y contrariedad. Sin embargo, contamos con su Espíritu y con su fuerza.
No debe haber pretexto para vivir nuestra vida como auténticos discípulos de Cristo, porque Él ya venció todas las dificultades.

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