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Maciel, Alazraki y Knox

por Michelle Fletes Rubio
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Sergio Padilla Moreno

Hace unas semanas se estrenó en la plataforma HBO la serie Marcial Maciel: El lobo de Dios, la cual consta de cuatro episodios con duración aproximada de una hora cada una. A partir de que se hizo pública la serie, las reacciones no se hicieron esperar, tanto en medios de comunicación tradicionales, redes sociales y en conversaciones cotidianas. En realidad, la serie recupera, a través de testimonios y entrevistas con varios periodistas y víctimas directas e indirectas, la información que ya se sabía desde hace muchos años sobre este personaje, calificado en 2010 por el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez como “un psicópata, un esquizofrénico de una doble personalidad, era un loco”.

Amanda Knox pasó casi cuatro años en una prisión italiana tras su condena por el presunto asesinato de Meredith Kercher en 2007, una compañera británica de intercambio con la que compartía su apartamento en la ciudad de Perugia.

En medio de la vorágine de reacciones de diferente calibre, destaca lo que ha dicho la periodista Valentina Alazraki, quien desde 1974 ha cubierto toda la información del Vaticano como corresponsal. Su trabajo le ha permitido conocer y también tratar en diferentes grados a seis Papas, pero también su olfato y habilidad periodística le ha permitido conocer los entresijos vaticanos, muchos de ellos no muy luminosos que digamos, si no que francamente oscuros. Es entonces que, al ser cuestionada sobre la serie, se le ha preguntado qué tanto y quiénes sabían, dentro de las cúpulas del Vaticano, la verdadera vida de Maciel y por qué callaron o abiertamente lo solaparon. La cuestión más fuerte es la pregunta acerca de si el Papa Juan Pablo II sabía o no de las acusaciones contra el fundador de los Legionarios de Cristo. Alazraki ha sido enfática en asegurar que Juan Pablo II no intervino porque la información que le llegaba estaba filtrada, y cuenta el caso de un prelado polaco en el que el Papa sí supo de sus malas conductas y tomó las medidas disciplinares necesarias. El 23 de febrero de 2019, Valentina Alazraki pronunció, frente el Papa Francisco, la Curia Romana y los presidentes o representantes de las conferencias episcopales del mundo la conferencia titulada “Comunicación: a todas las personas” en la cumbre Vaticano de Abuso Sexual sobre “La protección de los menores en la Iglesia”. Con inusitada valentía, pero con verdadero amor por buscar el bien de la Iglesia, la periodista fue clara en decir que, si alguien se empeña en callar o encubrir, desde el ejercicio del periodismo se dará voz a las víctimas y señalarán a los criminales.
Lo anterior suena bien, pero hay algo que decir, pues el periodismo tiene también sus propias tentaciones y pecados: falsear la verdad en función de ganar lectores ávidos de sensacionalismo, lo cual genera dinero, o según los intereses de grupos de poder. Esto último es lo que sufrió Amanda Knox, joven norteamericana que en los años noventa fue condenada en Italia por un crimen que no cometió, además que fue víctima de un juicio mediático. Recientemente Amanda declaró a Newsweek:
“La verdad sobre lo que le ocurrió y la verdad sobre la persona que lo cometió se perdieron por completo en aras de una historia escandalosa”. Su historia se puede ver en un documental en Netflix que lleva su nombre.

Valentina Alazraki periodista, escritora y conferencista mexicana encargada de cubrir el Vaticano

padilla@iteso.mx
Presentación de Valentina Alazraki en la cumbre sobtre el abuso
sexual en el Vaticano
https://www.youtube.com/watch?v=D4UxzMbdV4I

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