Madre Santa, Hijo Santo

por Quetzali Hernández
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PBRO. ADRIÁN RAMOS RUELAS

Los días 27 y 28 de agosto, la Iglesia recuerda el testimonio de santidad de Mónica y Agustín, su hijo. Sus historias han sido ampliamente rememoradas y son fuente de inspiración para los hogares cristianos, en los que, normalmente, la madre sufre por el descarrío de sus hijos que los aparta de Dios.

Mónica nació en Tagaste, cerca de Cartago, en 322. Fue esposa de Patricio, en principio pagano, de quien procreó tres hijos. Se distinguió por ser una mujer piadosa. Tenía una gran debilidad: era muy apegada al vino. Un obrero le llamó “borracha”, lo cual significó para ella el fin de su vicio con el firme propósito de mantener fuerte su voluntad y crecer en virtud. Con el paso del tiempo, el testimonio de esta mujer abnegada le valió la conversión y el Bautismo a su enérgico y violento esposo, de quien se ganó el respeto y la admiración.

Agustín, por su parte, se caracterizó por sus deseos de destacar en el mundo de la retórica. Su carácter apasionado y su búsqueda de fama y honor pronto le trajeron los primeros extravíos. Cuando Agustín tenía apenas 17 años, murió su padre. En una enfermedad, propuso hacerse católico, pero al ser sanado abandonó ese propósito. Ingresó a una secta maniquea que afirmaba que el mundo no había sido creado por Dios. Su madre, que era fuerte de carácter, al escucharle argumentar falsedades contra la verdadera religión, le cerró las puertas.

En cierta ocasión, Mónica contó a un Obispo que llevaba años rezando, ofreciendo sacrificios y haciendo rezar a Sacerdotes y amigos por la conversión de su hijo. Éste respondió: “Esté tranquila. Es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas”. Esta respuesta le dio un gran consuelo.

La conversión llegó con la influencia del Obispo de Milán, Ambrosio, en el año 387.

. Pronto se hizo instruir y bautizar en la noche de Pascua de Resurrección. La fuerza de la Palabra de Dios y el testimonio de un humilde y enérgico Obispo fueron para él determinantes.

Agustín llegó también a ser Obispo de la ciudad de Hipona. Se ha destacado como uno de los más grandes teólogos (estudiosos del misterio de Dios) que ha dado la Santa Madre Iglesia. Su madre quedó feliz. Por ello había luchado en su vida. Ahora podía morir tranquila.

ENSEÑANZAS
1.La esperanza de conversión para sus hijos mantiene a las madres en oración. Esa preocupación tarde que temprano tiene en Dios su respuesta.

  1. Es de considerar la gran influencia que tiene una madre en el hogar con respecto a la formación cristiana de sus hijos.
  2. La búsqueda que realizan muchos jóvenes a menudo extraviados y confundidos con tantas ofertas y la gracia de Dios les va esclareciendo el camino hasta dar con la Verdad, a ejemplo de San Agustín.

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