Cristina Díaz
En cualquier momento, la vida puede dar un cambio inesperado que hace replantear y reestructurar un proyecto de vida familiar.
Cuando en una familia los padres se separan, ellos, como adultos deberán enfrentar y hacerse cargo de sus decisiones y consecuencias; sin embargo, son los hijos quienes quedan en medio de la confusión, del dolor, de los sentimientos encontrados y con la esperanza de que se repare lo que ellos no rompieron.
Una ruptura que pone fin a un proyecto de vida, independientemente de la razón que sea, afecta el entorno y salud emocional de los hijos, sin importar la edad que tengan, porque ellos ven que papá y mamá ya no estarán juntos para ellos y tendrán que aprender a vivir en esa nueva realidad, como la de muchas personas en la actualidad.
PRESENCIA QUE ACOMPAÑA
Cuando el padre decide dejar una familia, es la madre quien se vuelve el pilar emocional de los hijos, es la que, en medio del caos, del desconcierto y de miles de preguntas que quedan sin respuesta en el aire, acompaña, sostiene y nutre a los hijos emocionalmente.
En la película «Marcelino Pan y Vino», cinta española de 1955 dirigida por Ladislao Vajda, hay una escena en donde el pequeño sostiene un diálogo con el Cristo del convento a quien le pregunta: ¿Qué hacen las madres? y le responde: “dar Marcelino, siempre dar. Dan todo, se dan a sí mismas, dan a sus hijos la vida y la luz de sus ojos hasta quedarse viejas y arrugadas”.
Esa escena resume lo que una madre hace por sus hijos, sin importar las circunstancias y lo que tenga que hacer.
PILARES DEL HOGAR
Hay miles de hogares en México que son sostenidos por una madre, quienes además de levantarse emocionalmente de una separación, deben deconstruirse para desarmar, analizar sus estructuras o prácticas sociales y darles una nueva interpretación para enfrentar de la mejor manera lo que le corresponde vivir para sostener a sus hijos.
Es precisamente el amor de los hijos, quien las levanta de cualquier circunstancia, quien las motiva a seguir aprendiendo de la vida, que las impulsa a sanar y sacar lo mejor de ellas para ser ejemplo de fortaleza y de que la vida “se vive como venga, como toque” y que el amor de una madre es infinito e inagotable.
Son esas madres pilares de miles de hogares, quienes con amor y conciencia sostienen a sus hijos, les enseñan con su ejemplo que no se deben rendir y seguramente lo saben hacer, porque ellas también vieron en sus madres ese ejemplo de fortaleza, ese ejemplo de entrega y resiliencia.
Detrás de una mujer fuerte hay una madre, una abuela, una bisabuela que enseñaron con su ejemplo, dedicación y amor que una mujer puede sostener una familia en las circunstancias que sea.
Sin duda alguna, el amor a los hijos, la oración, y sobre todo, el amor de Dios que es infinito, que ampara y sostiene ayuda a esas madres a aligerar sus cargas, abrir caminos y poner las herramientas necesarias que les permitan educar hijos amorosos, con valores y quienes el día de mañana, serán pilares de sus familias.
Éstas son algunas de las frases más bellas que el Papa Francisco dedicó a las mamás durante su Pontificado.
Universidad de las madres
“Una mamá sabe lo que es importante para que un hijo camine bien en la vida, y no lo ha aprendido en los libros, sino que lo aprendió de su corazón. La universidad de las mamás es el propio corazón: allí aprenden cómo llevar adelante a sus hijos. ¡Y esto es hermoso!” (Audiencia general, 18 de septiembre de 2013)
El amor de una madre
“Las mamás son el antídoto más fuerte a la difusión del individualismo egoísta. ‘Individuo’ quiere decir ‘que no puede ser dividido’. Las madres, en cambio, se ‘dividen’ desde cuando acogen un hijo para darlo al mundo y hacerlo crecer”. (Audiencia general, 7 de enero de 2015).

