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Magnifica Humanitas

por Gabriela Ceja Ramirez
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Pbro. José Marcos Castellón Pérez

La primera Encíclica del Papa León XIV, “Magnifica Humanitas” (La magnifica humanidad), marca el hito de su magisterio y pontificado: la antropología cristiana, frente a los desafíos de la inteligencia artificial; se suma así a los grandes Papas de la cuestión social, como él mismo lo ha dicho al imponerse el nombre de León, en memoria del gran León XIII.

Antes de leer completamente y comentar el texto de la encíclica, permítaseme adelantar algunas ideas, esas que vienen a “bote pronto”. Lo primero que se ha de decir siempre es que la inteligencia artificial no deja de ser eso: artificial; es fruto de una inteligencia natural, de la del ser humano que ha programado y establecido, por medio de logaritmos, la capacidad técnica de obtener y procesar información. En realidad, no se sabe hasta dónde sea capaz la técnica, pues nunca deja de sorprendernos. Pero es obvio que, sin programación humana, la inteligencia artificial no podrá elaborar nada que no sea dentro de las estructuras técnicas mismas de sus componentes, por muy poderosos que estos puedan ser. Al menos no se ve posible que se llegue a desarrollar técnicamente la inteligencia emocional, la capacidad ética ni el discernimiento ni el gusto estético, aunque pueda producir hermosas pinturas o ejecutar melodías creativas… están dentro de la lógica misma de los logaritmos.

El peligro más grave de la inteligencia artificial corre por triple riel. El primero es la capacidad de adquirirla y utilizarla para los beneficios de quienes tienen más posibilidades económicas, políticas y militares, que aumentarían estas posibilidades de forma exorbitante, agudizando la brecha entre ricos y pobres. El segundo es el adormecimiento personal y social, con la merma de las capacidades intelectivas, cognitivas, especulativas y de discernimiento que puede producir el abuso de la técnica, especialmente en las nuevas generaciones. El tercero es la polarización y crispación social, puesto que los mismos logaritmos van cerrando el cerco de comprensión de la realidad, a partir de la satisfacción de la propia perspectiva o ideología.

Habrá que aclarar que la Doctrina Social de la Iglesia no es una vía ideológica que se enfrenta a las ya existentes; mucho menos un camino intermedio, o de centro irenista entre posturas irreconciliables como la derecha y la izquierda políticas, o el marxismo y el capitalismo como sistemas socioeconómicos. La Doctrina Social de la Iglesia va por otro riel, el de iluminar, cuestionar y discernir a la luz de la Palabra de Dios y de la Tradición de la Iglesia, siempre en defensa de la dignidad humana que es universal: de todo el hombre y de todos los hombres.

Esta nueva encíclica es muy necesaria para la sociedad contemporánea mundial, en la que unos cuantos gozan de los beneficios tecnológicos, incluida la inteligencia artificial, mientras otros ni siquiera tienen acceso a los medios de subsistencia. Por otra parte, gracias a los intereses de quienes manejan la información, nuestro mundo está cada vez menos consciente, con menor capacidad de discernimiento, más polarizado e irracionalmente violento. 

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