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María regresó a casa

por Quetzali Hernández
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Victor Ulin

Ojalá y así finalizaran todas las historias. No habría tanta tristeza en los hogares por los hijos ausentes que son buscados.

María podrá abrazar a sus padres de nuevo y les pidió un perdón que nunca debió pedir.

Cuánto diéramos porque los hijos perdidos aparecieran con la rapidez con que María lo hizo ese día que sus padres vivieron, seguramente, las horas más terribles de sus vidas.

Que un hijo o hija aparezca con vida en las primeras 24 o 48 horas despuéde ser reportada su desaparición es una bendición, un milagro que cualquier padre agradece y celebra.

Cuando pasan las horas y no aparece en ningún lugar público o es rescatado de algún secuestro, vienen los días más largos y penosos para los padres que nunca dejarán de buscar a sus hijos que no volvieron a casa después del trabajo, la escuela o de una fiesta con amigos.

Los padres de María no llegaron a sentir lo que sienten los que llevan años buscando a sus hijos y siguen con la fuerza y esperanza de encontrarlos, no importa cómo ni dónde, pero encontrarlos.

Mientras están en casa, aparentemente seguros de lo que pasa en su entorno, no faltan los padres que, muchas veces sin quererlo, invisibilizan a los hijos o no los procuran adecuadamente para mantener la cercanía suficiente como para confiarse situaciones que reclaman comprensión mutua.

A María fue el temor de lo que pensarían y le harían sus padres lo que hizo que pusiera en duda volver a su casa.

Un hijo o una hija tiene que desear siempre volver a casa. Sentir que su hogar es de verdad el más seguro de los lugares a dónde uno pueda ir sin miedo a que algo le suceda.

El hogar tiene que ser el refugio en el que un hijo desee estar y volver con sus padres cada vez que tenga que salir para realizar sus actividades cotidianas, o incluso cuando adulto que viva con su familia en su propia casa y regrese para visitarlos.No debe haber nada más importante que la felicidad de un hijo o hija, por más rebelde o indisciplinado que pueda ser en casa o en la escuela que estudia.

Los padres tienen que conversar con sus hijos. Anteponer la palabra sensata ycariñosa a las amenazas que confundimos con orientaciones o buenas intenciones, y de las que más tarde nos arrepentimos. Porque suele suceder así: cuando algo ocurre que involucra a nuestros hijos o los perdemos de pronto como con María, repasamos los últimos momentos que vivimos y esas amenazas se vuelven en nuestra contra sin piedad.

Lejos de nosotros, los padres, y de casa, los hijos estarán en peligro. No debemos ni podemos orillarlos a que sus confidentes sean extraños en las redes sociales o en las calles que puedan hacerles daño, mucho más ahora que vivimos en una ciudad tan frágil, donde el peligro acecha.

El miedo fue lo que hizo que María no llegara a la escuela el viernes 7 de noviembre. Había reprobado un examen y su madre iría para que le informaran cómo iba en sus estudios.

Sus padres reportaron la desaparición por la mañana a la radio de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de San Pedro Tlaquepaque y el Agrupamiento Andrómeda, especializado en búsqueda de personas desaparecidas, fue activado para dar con el paradero de María, que está a un año de cumplir la mayoría de edad.

A las pocas horas, fue localizada en las inmediaciones de la Central Camionera de San Pedro Tlaquepaque y llevada a un lugar seguro para volver con sus padres. Durante su hallazgo, según reseñas de los medios informativos digitales, María reveló por qué había decidido no ir a clases y quizá no volver a casa. Para María era más segura la central -aquí donde han desaparecido muchos jóvenes que siguen siendo buscados-, que la casa de sus padres. Que sus mismos padres.

Ya ha vuelto a casa. No sabemos qué pasó después de reencontrarse con sus padres.

Ninguna exigencia académica ni examen reprobado sustituirá la presencia de nuestros hijos en casa. Los padres de María lo saben ahora que han vuelto a ser felices, porque regresó a casa y pudieron, otra vez, abrazarla y pedirle un perdón que no debieron pedir tampoco

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