Sonia Gabriela Ceja Ramírez

La falta de referentes sólidos y una buena formación cristiana al respecto, el temor al fracaso, el alto costo de las bodas y la búsqueda de la realización personal en otros ámbitos, han contribuido a la drástica caída en el número de matrimonios en las últimas décadas.
El famoso “hasta que la muerte los separe” o el ideal de que “vivieron felices para siempre” parece ya no tener cabida entre los jóvenes que desean tener una relación de pareja, pero no están dispuestos a comprometerse con un matrimonio civil, y mucho menos religioso.
Desde la década de los noventa, los matrimonios — tanto civiles como religiosos— han disminuido de forma considerable. A nivel mundial, los datos del Anuario Estadístico de la Iglesia muestran que en 1991 se celebraron más de 3.8 millones de matrimonios católicos, mientras que en 2021 la cifra se redujo a 1.8 millones, lo que representa una disminución superior al 50 por ciento. En 2022, tras el levantamiento de las restricciones sanitarias por la pandemia, se registró una leve recuperación con 1.97 millones de bodas, pero en 2023 volvió a descender a 1.85 millones, a pesar del crecimiento del número de católicos a nivel mundial, pues según el Anuario Pontificio, en 2024 se pasó de 1,390 millones a 1,406 millones.
LAS GENERACIONES CAMBIAN
Hoy en día, el matrimonio ya no es considerado un paso obligatorio para la vida adulta. Las nuevas generaciones priorizan metas personales: terminar sus estudios, viajar, adquirir bienes o lograr estabilidad económica antes de pensar en formar una familia. En muchos casos, el matrimonio ya no es parte del plan de vida.
Daniela y Jorge, de 35 y 34 años respectivamente, se casaron hace seis meses por lo civil y por la Iglesia. Aseguran que tardaron en encontrarse y madurar para dar el paso. Aunque no son católicos practicantes, optaron por una boda religiosa por tradición familiar.
SE CASAN CADA VEZ MÁS TARDE
Hace un siglo, en la década de 1920, los hombres solían casarse entre los 22 y 25 años, y las mujeres entre los 18 y 21. En 2014, la edad promedio para contraer matrimonio era de 30 años en hombres y 27-28 en mujeres. Hoy, las cifras indican que los hombres se casan en promedio a los 34 años y las mujeres a los 32.
Este retraso en el matrimonio también ha modificado la dinámica familiar. Muchas mujeres mexicanas tienen a su primer hijo entre los 20 y 24 años, por lo que es común que lleguen al matrimonio con hijos de relaciones anteriores o que decidan legalizar su unión con el padre de sus hijos, con quien ya convivían, después de cumplir los 30.
En México, según el Anuario Pontificio del Vaticano, se celebraron 323,000 matrimonios religiosos en 2010, mientras que en 2021 solo se registraron 184,000, una reducción del 43 %
Dagoberto y Bety imparten pláticas prematrimoniales desde 1992. Relatan que hace tres décadas recibían hasta 20 parejas al mes, la mayoría de entre 23 y 30 años. Hoy, según Iliana y Roberto, quienes colaboran desde 2005, los asistentes suelen tener entre 27 y 40 años, o incluso más, y el número es muy reducido
Durante la pandemia surgió un fenómeno interesante: parejas que llevaban años viviendo juntas buscaron regularizar su situación ante Dios.
“Algunos buscan casarse para seguir el ejemplo de sus padres y con el compromiso de llevar una práctica espiritual como base de su matrimonio y de su familia; otros comentan que hubo algo en sus vidas que los hizo conscientes del caminar de Dios junto a ellos, y otros más se casan por darle gusto a su familia. Muchos asisten a las pláticas como mero trámite, e incluso hay quienes dicen que la Iglesia pide demasiados requisitos para contraer matrimonio”
PARA SIEMPRE… CON DIOS
Para la Iglesia Católica, el matrimonio es un camino de santificación mutua, una vocación a la que Dios llama, basada en el amor fiel, fecundo y duradero. Entre sus características esenciales están:
- Unidad: un solo hombre y una sola mujer.
- Indisolubilidad: no puede romperse por voluntad humana.
- Apertura a la vida: disposición a tener hijos.
- Fidelidad y sacramentalidad: compromiso exclusivo y espiritual.

MALAS EXPERIENCIAS, LA PEOR REFERENCIA
Muchos jóvenes no consideran necesario casarse porque creen que el amor y el compromiso no dependen de un papel, un rito o un sacramento. Prefieren la convivencia y “probar” antes de dar un paso definitivo. También existen quienes consideran que casarse implica un gasto excesivo e innecesario.
Enrique y Areli se casaron por lo civil hace 15 años porque esperaban a su primer hijo. Aunque tenían la intención de casarse por la Iglesia, las condiciones económicas no se los permitieron. Su relación terminó después de cinco años y dos hijos. Hoy, él sigue creyendo en el matrimonio, pero admite que las experiencias fallidas a su alrededor lo hacen dudar.
En México, uno de cada tres matrimonios termina en divorcio.
Una encuesta realizada para Semanario, entre personas de 40 a 50 años, reveló que la mayoría ha pasado por el matrimonio o la unión libre, y también por la separación. Muchos otros permanecen solteros, algunos con hijos, otros sin ellos. La mayoría afirma que no fue una decisión consciente no casarse: simplemente no se han dado las condiciones
UN CAMINO DE TODOS LOS DÍAS
Ivonne, de 47 años, se casó por el civil a los 15. Después de 19 años de matrimonio, se divorció. Estuvo sola tres años hasta que decidió retomar la vida con otra pareja y hace cuatro años contrajo matrimonio por la Iglesia. “Dios estableció el matrimonio y yo soy temerosa de Dios. Hice a un lado mis prejuicios. El matrimonio es bonito si los dos trabajan por él”, afirma.
Entre personas casadas, divorciadas y solteras persiste la idea de que el matrimonio sigue siendo la mejor manera de establecer una familia. Los consejos comunes: respeto mutuo, comunicación, compromiso, confianza, cultivar los detalles y crecer juntos.
Alberto, divorciado, admite que su matrimonio fracasó por falta de amor y compromiso, lo que llevó a infidelidades. “No basta con amarse. Hay que estar comprometido de origen, dejar de lado a la familia, los ex novios (as), los amigos… para caminar juntos como pareja

¿POR QUÉ NO QUIEREN CASARSE?
Como ya se ha mencionado, el cambio en los valores ha colocado el desarrollo individual como prioridad. A esto se suma la creciente normalización de la unión libre y la percepción del matrimonio como una estructura patriarcal obsoleta. Además, el miedo al divorcio —y al desgaste emocional y económico que conlleva— ha hecho que muchas parejas eviten casarse para no tener que pasar por ese proceso.
MATRIMONIO VS. UNIÓN LIBRE
El matrimonio legal tiene ventajas importantes: certeza jurídica, protección patrimonial, derechos conyugales automáticos y facilidades en trámites notariales, herencias, pensiones, seguros y decisiones médicas en caso de incapacidad.
En lo referente a los hijos, otorga claridad en temas como patria potestad, custodia y alimentos. También puede ser requerido para adopciones, trámites migratorios o acceso a becas.
¿POR QUÉ CASARSE POR LA IGLESIA?
Casarse por la Iglesia sigue teniendo un profundo valor para millones de creyentes. Más allá del rito, el matrimonio es considerado un sacramento, un signo visible del amor de Dios.
Esta dimensión espiritual fortalece a los esposos en momentos difíciles, alimenta el perdón y refuerza el compromiso. Además, promueve una visión del amor basada en la fidelidad, la entrega y la apertura a la vida. Al casarse por la Iglesia, los esposos no solo se comprometen entre ellos, sino también ante Dios y la comunidad.
Francisco y María, por ejemplo, se casaron jóvenes, convencidos de querer recibir el sacramento. Tras cinco años de
matrimonio y un hijo, afirman que su motivación sigue siendo crecer como familia.
Érika, con 13 años de casada, expresa que formar una familia bajo el sacramento del matrimonio ha sido una experiencia gratificante que la hace sentirse realizada, aunque hoy —dice— la sociedad parece no tomarlo tan en serio.

EN GUADALAJARA
No hay una estadística precisa de cuántos matrimonios se realizan anualmente en la diócesis, pues muchas parroquias no envían en tiempo y forma los datos, pero en el Expiatorio Eucarístico, una de las parroquias más buscadas para la realización de bodas, los datos son los siguientes:
Matrimonios celebrados:
2020 (año de pandemia) -155
2021- 311
2022- 276
2023 -226
2024 .246
2025 (Hasta el 25 de junio)- 111
