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Misioneros de esperanza

por Michelle Fletes Rubio
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RAÚL BENÍTEZ JÁUREGUI 2DO DE FILOSOFÍA.

«Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya» (Jn 3,30).

La llegada del mes de julio nos llena de alegría a los seminaristas, porque es el tiempo de las misiones de verano y salimos del Seminario como «peregrinos de esperanza» a las comunidades parroquiales, para compartir la fe que nos une como hijos de Dios.
Desde principios de junio, una pregunta resuena en nuestros corazones: ¿A dónde iré de misiones? misma que se convierte en oración, ya que estamos seguros que esa comunidad es elegida por Cristo mismo para continuar formándonos en nuestro camino al sacerdocio. Por eso no dejamos de pedir por las comunidades que ya hemos visitado, donde fuimos recibidos con cariño y aprendiendo cómo viven la fe en cada lugar de nuestra Diócesis. También oramos por el futuro destino, que se vuelve una fuente de inspiración, en estos días de exámenes y del inminente cierre del ciclo escolar. Las misiones llegan como una bocanada de oxígeno para nuestra vocación.
¿QUÉ HACEMOS EN MISIONES?
Hemos de confesar que las misiones las hacen ustedes, el pueblo de Dios, su fe, su amor, sus costumbres, sus oraciones, su alegría, su entrega, son los que hacen la misión, nosotros vamos a acompañarlos: como enviados, sí, pero peregrinos con ustedes.
Es aquí donde nuestros estudios, nuestra oración constante, nuestros sueños, se ven cristalizados, en ustedes y con ustedes.
Sé que en distintas comunidades se han preparado para recibirnos de nuevo, sin conocernos han querido ofrecernos un día de alimento en sus casas, sin conocernos piden por nosotros y sin conocernos esperan nuestra visita. Desde ahora les agradecemos este esfuerzo que hacen, esto siempre es motivo de alegría en nuestra formación de la que ahora, ustedes se vuelven parte.
Salimos al campo de misión como enviados, pero sin dejar nuestra humanidad de lado, ahora que salimos ustedes se convierten en nuestros formadores y en una parte importante de nuestra vocación.
No hay presbítero que no recuerde con cariño alguna comunidad en especial, que le ayudó a decir «Sí» a Dios para ser Sacerdote.
Roguemos a Dios para ver a Cristo en ustedes y que ustedes puedan ver lo que Cristo ha hecho en nuestras vidas. Gracias a las comunidades a las que recordamos con tanto cariño. Gracias a ustedes, las distintas Parroquias que nos esperan con alegría.

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