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MUEJRES QUE INSPIRAN Cuando la voluntad y los sueños no tienen límites

por Michelle Fletes Rubio
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CRISTINA DÍAZ

Peregrinar durante cuatro meses, a pie y en bicicleta más de dos mil kilómetros, le permitió a Graciela vivir una de las experiencias más enriquecedoras de su vida

«En el camino nunca estuve sola, conmigo siempre me llevan de la mano la Virgen María, el Sagrado Corazón y mis angelitos que son mi hermanito, mi mamá, mi marido. Graciela.»

Dicen que todos los caminos llevan a Roma, y así es, Graciela, una argentina de 68 años que vive desde hace dos en La Coruña, lo sabe bien, hace unos meses, emprendió su peregrinar desde la Catedral de Santiago de Compostela, en España hasta la Ciudad del Vaticano, en Roma. Fueron más de 2 mil kilómetros los cuales recorrió en su mayoría a pie y otros tantos en bicicleta, sin duda, una de las experiencias más enriquecedoras de su vida.
La pandemia del COVID-19, se llevó en el 2023 a su compañero de vida, Domingo, un italiano con el que estuvo casada 18 años.
Después de jubilarse, entendió que debía buscarle un rumbo a su vida porque se sentía muy sola. Decidió “cambiar de aires”, como ella dice, y compró un vuelo para irse a vivir al lado de su hija y nieta a España. “Decidí hacer un giro de 180 grados con mi vida y probar cómo era esto de vivir en Europa y me vine a La Coruña”, dice Graciela durante una video llamada en donde se muestra alegre, en paz y con esa energía que logra transmitir a través de la pantalla del celular.
Se describe como una mujer curiosa por naturaleza, que le gusta viajar, conocer el mundo, cuando llegó a España comenzó a escuchar las historias de los peregrinos que hacían el Camino de Santiago, esa peregrinación centenaria que llama a miles de personas de todo el mundo, año con año. En la primera oportunidad que tuvo, decidió hacer dos de sus rutas, la del Camino Inglés, que son alrededor de 120 kilómetros y un tramo del Camino Primitivo, que tuvo que dejar antes de concluirlo por motivos familiares, pero que está pendiente de terminar cuando le sea posible.

En promedio, todos los días andaba 22 kilómetros que los recorría en un lapso de siete o incluso ocho horas, porque le gusta caminar con calma y disfrutar lo que el camino tiene para ofrecer

DE SANTIAGO A ROMA
Durante el tiempo que recorrió el Camino Primitivo, conoció a una pareja de esposos que la motivaron a hacer algo que pocos se atreven; caminar 2,397.5 kilómetros, saliendo desde la Plaza del Obradoiro, en Santiago de Compostela, España, hasta la Plaza de San Pedro, en Roma. Esta aventura la iniciaron juntos, pero como sucede en la vida, hubo un momento en que cada quien tomó su camino, a su ritmo y se separaron.

“Salí caminando el 2 de mayo del año pasado desde Santiago de Compostela con rumbo a Roma, a donde llegué a bordo de una bicicleta, cuatro meses después, el 2 de septiembre”.

La idea era llegar caminando, sin embargo, después de recorrer casi mil 500 kilómetros por la ruta del Camino Francés -pero a la inversa-, al llegar a la ciudad francesa de Arlés, sufrió una lesión en un tendón que le impidió seguir a píe, aunado a las temperaturas que superaban los 40 grados centígrados, por lo que decidió comprar una bicicleta para terminar los últimos 908 kilómetros de su recorrido, porque como dice ella, rendirse nunca fue opción.

“No consideré una opción de volver a casa, yo tenía que llegar a Roma de una manera y llegue en bicicleta”

Recorrer tres países peregrinando, no es fácil, explica que al igual como sucede en la vida, durante los meses que estuvo caminando hubo momentos de flaqueza: “hubo días en que decía, mañana no salgo, esto no lo vuelvo hacer nunca más, ¿quién me dijo que yo tenía que estar caminando acá al rayo del sol?, e incluso llegaron pensamiento en donde me decía “basta hasta aquí llegué, mañana me voy”, pero se daban las 5 de la mañana del día siguiente y me ponía en pie, porque así es el camino”.

«La labor del personal de los albergues es maravillosa, siempre tienen todos los espacios limpios, la comida nutritiva lista a horario, un buen desayuno antes de partir y siempre una palabra amable. En Francia acostumbran además en algunos albergues realizar el lavado de pies a los peregrinos. “

MOMENTOS DE REFLEXIÓN
Todos los días, su rutina, como la de la mayoría de los peregrinos, era caminar, comer y dormir, comenzaba poco antes de que saliera el sol y aún en la obscuridad, emprendía su camino para encontrarse con el alba y los primeros rayos de luz.
“Voy con mi mochila a cuestas, camino lento, si me canso, me paro a descansar, a comer una fruta, a contemplar el paisaje, la naturaleza, y aunque me gusta caminar sola y a mi ritmo, también me detengo a compartir con algún peregrino y disfrutar de una charla. En el camino no hay prisa de llegar, se trata de gozar el viaje con toda la tranquilidad y disfrutarlo”, enfatiza la entrañable Graciela.
Con su acento argentino, deja en claro que a ella le gusta disfrutar, pensar en su vida, en las cosas que le han pasado, buenas, regulares, no tan buenas, sacar fotos, identificar sus emociones, pensar ¿por qué hay cosas que le molestan?, es decir, reflexionar, pensamientos que le permiten seguir transformándose como persona y ser esa mujer que inspira, amorosa y amable con los que se cruzan a su paso, como me sucedió a mi cuando la conocí.
LLEGANDO A LA META
A lo largo de cuatro meses hubo momentos de prueba que, al final, la fortalecieron; como la ocasión que se perdió durante su ruta y tuvo que andar 34 kilómetros para regresar al camino correcto, pero también hubo de inmensa alegría e impacto espiritual, como ese día en que llegó al Santuario de la Virgen de Lourdes, en Francia.
El momento más fuerte, el de mayor impacto, el más alegre, el más emotivo fue cuando llegó a Roma: “llegar ahí es indescriptible, se te pone la piel de gallina de la emoción que se siente cuando llegas, es emocionante y triste a la vez, porque por un lado haz logrado conseguir tu meta, tu objetivo, pero, por otro, te das cuenta que ahí se termina todo”.

“Los últimos kilómetros es como querer llegar y no querer llegar, cuando ves que ya entraste en Roma y empiezas a ver la ciudad de El Vaticano y entras por sus arcos, recorres la Vía Conciliación, es muy fuerte”

Y LA VIDA SIGUE…
Graciela es de esas personas que si logras que se cruce en tu camino y la conoces, es para inspirarte a luchar, a seguir tus sueños, te enseña a levantarte de cualquier golpe de la vida porque sabe que estamos aquí de paso.
No le gusta dar consejos, pero su vida misma es un ejemplo de que siempre hay que escuchar lo que dice nuestro corazón.
“Cada uno tiene que hacer en la vida lo que tu corazón le pide, le indica, siempre vas a tener señales, hay que estar atentos a esas señales”, que va de la mano con el hambre que cada persona tiene, “hambre de viajar, hambre de leer, hambre de estudiar, hambre o pasión por determinada cosa”.
¿Y una vez que consiguió este gran sueño, qué sigue ahora?, responde con sencillez, “seguir viviendo, viajando, conociendo lugares, durmiendo en cualquier lugar, comiendo lo que sea, sencillamente disfrutando la vida, hacer lo que nos hace felices”.

“Me gustaría tener en el banco cien mil euros, pero ¿qué haría con esos cien mil euros?, pues me los gastaría viajando por todo el mundo”. “Pero yo no tengo esa plata, entonces cómo hago, pues agarro mi mochila y camino, comiendo en un restaurante, en un supermercado, solo con lo necesariamente indispensable”

A pocas semanas de cumplir 69 años de edad, tiene un nuevo proyecto en la mente y en su corazón: ser hospitalera. Durante su viaje a Roma y al pasar por Lourdes, Francia, llegó a un albergue en donde el encargado le ofreció ser voluntaria y ayudar atendiendo a los peregrinos que pasan por ahí durante su caminar en la próxima temporada. Está a la espera de que el chico le llame, mientras tanto, ella ya se está preparando para dar lo mejor de sí, estudiando francés. Y mientras eso llega, seguirá caminando y conociendo España de pueblo en pueblo: con la mochila a cuesta y lo que venga, siempre a píe o en bicicleta.

LA RUTA
Fueron 36 ciudades en el Camino Francés hasta Saint Jean Pied de Port, luego continuó por el Camino del Piamonte hasta Lourdes pasando por 6 ciudades, siguió por 30 ciudades hasta Arlés donde decidió cambiar a bicicleta, ya que los últimos 120 kilómetros los caminó con una lesión en un tendón en la ingle que le trataron en el Hospital de Montpellier. Continuó por el camino de la costa mediterránea y entrando a Italia por la ciudad de Ventimiglia, tomando luego el camino a Roma y pasando por Génova, Lucca, Siena, Radicofani, Bolsena, Viterbo Capranica, Campagno di Roma, Isola Farnese y Roma.

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