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¿MUERTA LA INTERNET?

por Quetzali Hernández
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FABÍAN ACOSTA RICO / UNIVA

Las máquinas no están vivas ni poseen conciencia, sentido de yoidad o individualidad. Desde su naturaleza artifcial, son rudimentos tecnológicos inertes supeditados a una lógica algorítmica ya programada que solo se actualiza con nueva información, como ocurre conla inteligencia artificial generativa. Aun así, para las mentalidades más tecnofílicas cuesta aceptar esta a rmación que suena a sentencia: un llamado a la sensatez humanista frente a un transhumanismo que insiste en defender una supuesta paridad entre el ser humano y la máquina.

No es sano para nuestra mente asumir como válidas las reacciones afectivas o casi emocionales de una IA. Ya hemos visto casos extremos: una mujer japonesa decidió casarse con un personaje que ella misma creó empleando ChatGPT. Un bot, diseñado para imitar el comportamiento humano, puede mimetizar nuestra racionalidad y emotividad al grado de pasar por auténticamente humano y superar con sorprendente facilidad la clásica prueba de Turing. En esta imitación sofisticada reside parte del riesgo, pues la frontera entre lo humano y lo artificial se vuelve cada vez más difusa.

Hoy, en Internet, pululan estas criaturas inertes. No son fantasmas del más allá ni entidades dantescas; son creaciones nuestras: no vivos tecnológicos que simulan humanidad y que en muchos casos responden a intenciones sospechosas, mercantilistas o directamente manipuladoras definidas por sus programadores o dueños.

En ocasiones, ni siquiera requieren disfrazarse de humanos: se presentan abiertamente como automatismos cuando pueden ejercer más controlsobre el usuario. Por seguridad informática, mental y emocional, conviene preguntarnos quién está del otro lado cuando interactuamos en redes sociales o servicios digitales: ¿una persona real o una máquina?

CONTENIDO PARA TODOS

La IA y los bots generan opiniones, contenidos, interpretaciones y un flujo interminable de textos, imágenes, videos, pódcasts y mensajes. La masa de contenidos producidos por estas entidades crece exponencialmente y pronto superará, por mucho, la producida por seres humanos. La competencia por el ciberespacio ya está desequilibrada: mientras que a una IA le toma segundos o minutos producir un artículo, un guion, un video o un comentario, la creatividad humana sigue un ritmo más pausado, deliberativo e incluso impreciso. La máquina, además, nos supera tanto en velocidad como en precisión técnica.

Este conjunto de contenidos generados por algoritmos es lo que algunos han llamado la Internet muerta: un espacio donde circula mayormente material producido por no vivientes digitales. El verdadero peligro radica en acostumbrarnos a que esta automatización cree los entretenimientos, la información y las narrativas con las que interpretamos la realidad. Lo peor sería hacerlo sin espíritu crítico, delegando en la máquina —amoral por definición— la tarea de pensar, imaginar y decidir por nosotros. Sería permitirle describir e interpretar el mundo mientras permanecemos en una cómoda pasividad cognitiva. Una Matrix sin cables ni cápsulas,pero igualmente narcotizante.

MANIPULADORES TECNOLÓGICOS

Giovanni Sartori, en su obra clásica Homo Videns, advirtió hace décadas del peligro de que los manipuladores de la tecnología moldearan la percepción de las masas a través de la televisión, entonces apodada la “caja idiota”. Hoy, actualizando esa advertencia, la amenaza ya no es solo la televisión, sino las máquinas capaces de generar insiste en defender una supuesta paridad entre el ser humano y la máquina. No es sano para nuestra mente asumir como váliñado para imitar el comportamiento humano, puede mimetizar nuestra racionalidad y emotividad al grado de pasar por genes, videos, pódcasts y mensajes. La masa de contenidos producidos por estas entidades crece exponencialmente y pronto superará, por mucho, la producida por seres humanos. La competencia por el ciberespacio ya está desequilibrada: mientras que a una IA le toma segundos o minutos contenidos que invaden la red y que, simulando o no ser humanos, participan activamente en la construcción de discursos, opiniones y estados de ánimo colectivos.

Isaac Asimov imaginó en la ciencia  cción las Leyes de la Robótica, un conjunto de principios éticos que limitaban el actuar de los robots para evitar que causaran daño a los humanos. Algo semejante hará falta para regular esta Internet muerta: una red ética donde la desinformación, la manipulación emocional y la enajenación digital estén prohibidas o al menos severamente contenidas. Nada de esto ocurrirá espontáneamente. Así como perfeccionamos nuestras máquinas, debemos crear marcos legales y normativos que regulen su operación, su interacción con las personas y su enorme capacidad para in uir en la mente humana.

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