Sonia Gabriela Ceja Ramírez

De pequeña Alejandra Lozano quería ser veterinaria pues desde entonces siente profundo amor y compasión por los animalitos. Sin embargo, un conflicto internacional cambió su perspectiva: “Cuando estalla el conflicto entre Estados Unidos y Medio Oriente, yo tenía 12 años y me desvelaba viendo las noticias; la guerra, los bombardeos, pero sobre todo me llamaba la atención el trabajo de los reporteros; meterse al conflicto, platicar y conocer a la gente. Ahí dije, mamá: Yo quiero ser eso, quiero hacer eso”.
“Mi mamá me tuvo siendo madre soltera. Vivíamos con una tía que tenía dos hijos, con ellos me crie. Tiempo después mi mamá se casó con un viudo que tenía cinco hijos y de repente tuve cinco hermanos; hasta la fecha convivimos todos”.
PERSIGUIENDO UN PRIMER SUEÑO
“Cuando decidí ser reportera, empezamos a investigar la carrera y en la UdeG solo había periodismo, pero en Ocotlán, y en ese momento, con 17 años, yo no me animaba a irme a vivir sola.
“Un día viendo las noticias, dije, voy a hablar con Gabriela Aguilar, que en ese tiempo conducía uno de los noticieros de TV Azteca”, y así, de solo verla en la televisión, Ale se aventuró a marcar a la televisora y pedir hablar con ella.
En principio no fue fácil, pues le decían que no estaba en el canal o que estaba en maquillaje o simplemente que estaba ocupada. Ante la insistencia, un día se la comunicaron.
“Me acuerdo que me trabé, pero le dije es que quiero ser reportera pero no sé qué estudiar y me dijo, ¿cuántos años tienes? y yo, 17. Y ella me dice, estás bien chiquita y, añade, a ver, yo estoy en Radio Mujer -en ese tiempo ella era la directora de esa estación,- ¿te pareces si me marcas allá y te doy cita para la próxima semana? Mi emoción fue enorme.
“Fuimos mi mamá y yo, y Gaby me dijo, yo te ofrezco abrirte las puertas para que vayas conociendo este mundo para que veas si te gusta o no. Así comencé ayudando a contestar llamadas, sacando notas de espectáculos, me invitaban a los eventos que tenía la estación y yo pagaba por que me alquilaran”.
LAS GANAS DE SUPERARSE
Cuando se llegó el momento de entrar a la universidad, Alejandra enfrentó en primer lugar el desafío económico pues el presupuesto de su mamá para pagar la escuela era limitado, pudo estudiar Comunicación en la Universidad LAMAR, pero sus ganas se notaban en el esfuerzo que hacía para levantarse todos los días a las 4 de la mañana para alcanzar a tomar el camión de las 4.45 y trasladarse desde El Zapote para llegar a clases a las 7 de la mañana.
“A veces llegaba temprano, a veces llegaba tarde. Casi siempre llegaba 15 o 10 a las 7, y a veces me vencía el sueño y me acuerdo que tenía un maestro de arte, que me decía, a usted la dejo dormir porque sé que es puntual”.
“Tuve que dejar un tiempo Promomedios (Radio Mujer) porque tenía que hacer el servicio social para terminar la carrera, pero cuando acabé, me ofrecieron entrar como recepcionista y ayudando a la directora de la estación. Cuando se hace la transición a Zona 3 me permitieron producir varios programas: uno de cine, otro para personas con adicciones, varios sobre temas sociales; yo trataba de hacer de todo para aprender.
Me le pegaba a una de las productoras de noticias y usaba mi hora de comida para estar apoyando en el noticiero, me gustaba mucho”.
Al tiempo, Ale comenzó a trabajar en ArquiMedios, como auxiliar de producción. “A mí me gusta mucho editar audio, siento que el sonido es capaz de transmitir muchas emociones. Ahí estuve dos años”. “El trabajo en ArquiMedios es una etapa que me voy a llevar siempre, en el corazón por todo el apoyo que recibí cuando mi mamá estuvo enferma y cuando falleció”.
ALCANZANDO MILAGROS
Alejandra considera su maternidad un milagro que atribuye a la intercesión de San José Sánchez del Río “Joselito”. Ale se casó en 2015 y desde el principio buscó ser mamá, sin embargo, después de tres años de no lograrlo acudió al doctor y luego de varios estudios le dieron la noticia de que sus trompas de Falopio estaban obstruidas, por lo que no lograría ser madre.
“Fue muy fuerte, renegué muchísimo, yo decía por qué las demás sí y yo no. Fuimos con tres doctores y me daban la misma respuesta, incluso me ofrecieron la fecundación in vitro pero decidimos aplazarlo porque una de mis hormonas estaba alta y necesitaba nivelarla.
“No me llegaba mi periodo y cada vez estaba más gorda, aunque estaba a dieta, pero nunca me pasó por la mente que pudiera estar embarazada. Así pasaron varios meses y yo me sentía inflamada e incluso sentía movimiento, pero creía que era algo intestinal, por lo que decidí ir con un gastroenterólogo”.
“El doctor me revisa, mi panza se mueve, a él le entra una llamada y después de un par de minutos regresa y me dice: Niña, lo que tu traes es un niño. Era un 14 de febrero. Le dije, doctor, eso es imposible y le resumí la historia de lo que me habían dicho los otros médicos. Me manda hacer un eco y de repente apareció en la pantalla el bebé completamente formado. Yo todavía creía que era de la paciente anterior cuando la doctora me dice, es tu bebé, tienes 30 semanas, es decir, estas por empezar el séptimo mes. No lo podía creer. Así me convertí en mamá de Eduardo Emilio que es el milagro más hermoso que Dios me ha regalado”.
De su mamá, Ale aprendió a hacer el trabajo con amor y empatía, pero el hecho de convertirse en madre potencializó su responsabilidad social. “Cuando eres papá o mamá te cambia la visión de la vida».
ENFRENTANDO NUEVOS RETOS
Al tiempo Alejandra se separó del papá de su hijo, lo que le generó mayor empatía con las mamás solas quienes sacan adelante a sus hijos. Así la vida la puso de frente con otra realidad, las que buscan a sus hijos desaparecidos.
La guardería de su hijo estaba muy cerca de la glorieta de los Niños Héroes, ahora conocida como glorieta de Los Desaparecidos. Un día se encontró con una mamá que iba pegando la ficha de hija por los postes de avenida Chapultepec. “Ves a tu hijo y te preguntas ¿y si un día nos toca a nosotros?, pero además piensas en todas las respuestas que le dan a su mamá: ¿Y si se fue con el novio? ¿Y si andaba de borracha? Y dices no es posible que sigamos revictimizando”.
“De ahí nació la necesidad de buscar una historia. Primero di con la señora Monserrat que me contó la historia de su hijo Jesuit y que la publicamos en Semanario. Al poco tiempo encontraron su cuerpo en una fosa clandestina.
Y aunque no era lo que la señora esperaba, cumplió su misión de encontrar a su hijo y regresarlo a casa”.
EL CASO DE YESENIA
En este acercamiento con colectivos y familias buscadoras, Alejandra llegó hasta la señora Norma, mamá de Yesenia Araceli Gómez Castañeda, chica de 28 años, quien desapareció el 3 de marzo del 2022, madre soltera de Joshua quien tan solo tenía 7 años en el momento en que ella desapareció.
A su niño le dijeron que su mamá se había ido a la Ciudad de México a trabajar y que muy pronto estaría de regreso, sin embargo, tiempo después Joshua se enteró de la desaparición de su mamá a través de una ficha de búsqueda. Durante un tiempo, el niño, en su mente, imaginaba que su mamá se había ido porque no lo quería, pero al darse cuenta de que alguien se la había llevado, su primera expresión fue “por qué no desaparecí yo”.
“Escuchar esas historias es algo que te cimbra”, asegura Alejandra. “Ver como ese niño se culpa por la desaparición de su mamá, cómo se quiebra su infancia, su inocencia, como vive incluso el bullying porque su mamá no está, o como la señora Norma persevera y dice no me voy a cansar de buscarla… Me costó mucho trabajo escribir esta historia, porque aunque una como reportera deba ser objetiva, como mujer y como mamá también tienes una sensibilidad especial ante estos temas”.
PARA SUS GRANDES AMORES
Con la entrevista a la señora Norma, publicada en la edición especial de mujeres de Semanario, el 3 de marzo de 2024 Alejandra ganó el Premio Estatal de Periodismo en categoría entrevista y con ella ganamos todas.
Ale ha dedicado el Premio Jalisco de Periodismo a sus amores, a su mamá (de feliz memoria), y a su hijo para que más delante sepa que con dedicación y esfuerzo las metas se pueden alcanzar.
“Al final del día es una estrellita dorada en la frente de que lo hicimos bien, pero sobre todo con un impacto social, esa es la satisfacción más grande, saber que con tu trabajo puedes ayudar a visibilizar realidades, que puedes ayudar a las personas”.


