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Narcocultura, realidad ficticia de nuestro tiempo

por Gabriela Ceja Ramirez
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ULISES ZAMARRONI MARTÍNEZ

Lo primero que nos llega a la cabeza cuando hablamos de narcocultura es un corrido, o la imagen de una persona con ropa, anillos y collares ostentosos, o un vehículo o motocicleta tuneados. SÍ, tenemos un montón de clichés en la cabeza acerca de este tema.

Remontarnos a los orígenes de la cultura del narco en México nos llevaría a los ochentas, cuando los cárteles construían sus cimientos entre las sombras, aún lejos de las complicidades descaradas e impunes de la actualidad.

Desde aquellos años, la narcocultura tiene otra cara que se difunde menos, pero que siempre está ahí, se viste más discreto y en apariencia está del lado de la ley. Si, esa cara son funcionarios públicos de cualquier área y nivel de gobierno. No importa si ganan mucho o poco, si tienen puestos importantes o del más bajo nivel. Las organizaciones criminales no avanzarían sin la omisión o sin la corrupción de las autoridades. La impunidad es el combustible que hace crecer ese flagelo.

DEL ENTRETENIMIENTO A LA PROPAGANDA CRIMINAL

Al hacer referencia al narco no podemos quedarnos solo con el poder y el dinero. Idealizar riquezas y poder hacen aspiracionista un estilo de vida que no existe, que puede llegar e irse en un suspiro, que puede quitarnos todo mientras buscamos ese sueño.

No obstante, es más fácil perdernos en un ritmo pegajoso, con letras que glorifican los lujos y el poder que alcanzan los que presumen pertenecer a ese mundo. La mejor estrategia para atraer reclutas es hacernos creer que conseguiremos dinero fácil, que tendremos cosas caras y autos o motos de lujo.

La mercadotecnia para crear ejércitos del crimen hoy es descarada. La música y las series nos hacen ilusionarnos lejos de una realidad cubierta de sangre, lágrimas y miseria, con un futuro más probable muerto que con riqueza.

LA REALIDAD DE LA QUE NO HABLAN LOS NARCOCORRIDOS

Los corridos hablan de lujos, excentricidades y de riesgos propios, pero no nos hablan de la muerte de nuestros hijos, nuestros padres o hermanos. No hacen referencia a las madres buscadoras de sus familiares desaparecidos o “levantados”.

Hasta ahora, no he escuchado una sola canción que explique los daños neurológicos irreversibles, que hable de la violencia en asaltos para poder comprar una dosis más, que destaque la destrucción de familias, o que mencione a una sola de las miles de personas que han muerto o han resultado afectadas como daños colaterales por una guerra que no pedimos, ni queremos.

EL CAMINO MÁS FÁCIL: CENSURAR

Para las autoridades de todos los niveles de gobierno, la mejor solución para combatir la narcocultura y acabar con el aspiracionismo hacia este estilo de vida, es prohibir la reproducción de narcocorridos, como si evitar que los grupos toquen esas canciones alejara a los jóvenes de la música. Seguramente la inteligencia gubernamental no les alcanza para saber que en las plataformas de música los cantantes más escuchados son los que entonan odas a la delincuencia.

Y no, la clave tampoco será prohibir en plataformas o en medios de comunicación la reproducción de narcocorridos. La censura únicamente hará más deseable lo prohibido.

Tendrían mejores resultados estrategias que vinculen totalmente a las autoridades, como acabar con la corrupción, por ejemplo. La situación sería muy distinta si la impunidad no fuera la regla. Conocer la realidad completa podría hacer menos atractiva la simple idea de un futuro exitoso.

FÁCIL ENTRADA, DIFÍCIL SALIDA

Entrar a la vida criminal es de lo más simple, salir sin consecuencias es casi imposible. Las historias de quienes entran a ese mundo y de cómo entran, son similares.

Amigos o conocidos en común son los primeros contactos. Ellos son nuestros vecinos o conocidos del barrio, y son quienes seleccionan a posibles candidatos de reclutas. Luego son sometidos a diversas pruebas, pero quien no las pasa es asesinado.

Otro camino son las ofertas de trabajo sospechosas con sueldos muy elevados y en lugares lejanos que resultan atractivos, aunque haya poca o nula información de los empleadores. Ese reclutamiento es considerado de los más peligrosos, porque quien no quiere integrarse al grupo delictivo es asesinado.

El tercer camino de ingreso son los videojuegos y las redes sociales. Con perfiles falsos, los criminales enganchan adolescentes con juegos y regalos. Así los hacen salir de sus casas y cuando las víctimas descubren qué hay detrás de la máscara, ya es muy tarde. Quien no entra al grupo criminal es asesinado.

EDUCAR ES LA CLAVE

Mientras esperamos que las autoridades acaben con la corrupción y la impunidad que imperan en nuestro país, y que definan estrategias efectivas que frenen a los jóvenes los deseos de ser criminales, la primera tarea es de la sociedad.

Hoy es imposible mantener a los niños en una burbuja, dejarlos sin celular y sin Wifi. Pero es posible guiarlos, educarlos en el bien y que identifiquen las señales de peligro para que logren escapar antes de que sea tarde.

En la medida de lo posible, ellos deben saber las consecuencias de las que no hablan las canciones. Deben entender que detrás de lo que les llama la atención hay dolor, soledad y muerte.

El silencio y la apatía de los adultos no evitarán que ellos tengan contacto con ese mundo. Los peligros seguirán ahí, pero si ellos tienen la información suficiente y una voluntad fuerte, no habrá canción que los atraiga, ni personas que los convenzan.

Las prohibiciones complican el acceso, pero no imposibilitan el consumo, y ejemplos hay muchos: El “vape” está prohibido, pero sus principales consumidores tienen alrededor de 15 años. El consumo de alcohol está prohibido en menores de edad, pero en México es droga de inicio para niños, muchos de ellos de 10 años.

Estaría bien que busquen prohibir los narcocorridos en la radio, en conciertos y en bailes, en una estrategia acompañada por oportunidades educativas, de empleo y crecimiento personal desde la familia.

Sin embargo, vivimos en un México que no logra entender que educar para decidir es mejor que prohibir para desear.

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