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Narrativa

por Michelle Fletes Rubio
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PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

Hoy se habla mucho de narrativa, generalmente, de forma negativa. Este término pertenece al mundo de la literatura como género en el que a través de la voz de un narrador se va haciendo la trama de un relato en el que entran algunos protagonistas. Se podrá pensar que se trata de una necesidad antropológica por la que se van transmitiendo de forma oral o escrita o ambas los grandes relatos históricos, mitológicos, religiosos. Todos los seres humanos, en cuanto ser-en-el-tiempo, como decía el filósofo Heidegger, necesitamos contarnos la historia a fin de tener una mayor comprensión de nuestro frugal paso por el tiempo.
La expresión narrativa ha brincado su ámbito literario para convertirse, por la sociología, en interpretación de la vida, valiéndose de cada cosmovisión y poder transmitir la propia ideología, los propios valores y principios rectores de cada perspectiva humana. Esto siempre será válido, siempre y cuando no genere confrontaciones violentas o lleve a la disolución del orden social establecido por leyes justas.
Nuestra nación mexicana ha vivido de narrativas que durante el siglo XIX fueron configurando la sociedad actual, desgraciadamente desde una lectura sesgada e ideológica de la realidad: desde el liberalismo decimonónico. Se nos ha narrado nuestra historia de forma maniquea, haciendo del fracaso el modelo, y considerando el destino martirial de los héroes que no han conseguido por lo que han ofrendado la vida.
Los grandes enemigos de la nación, empero, han sido paradójicamente los que han generado una mayor riqueza y estabilidad, los que han conseguido el éxito en lo que han emprendido.

De esta forma, hemos considerado el Virreinato como una época oscura y llena de esclavitud y pobreza, cuando la herencia de ese período de nuestra historia es reconocido por todos, de forma inconsciente, como la más gloriosa y de la que se tiene mayor orgullo por lo que supone la identidad misma del México actual: la música, la arquitectura, la gastronomía, etc. Quien logró la independencia es ahora un proscrito, quien llevó al México a la modernidad es considerado como el peor de todos los presidentes. Podríamos pensar en los héroes, algunos de ellos unos verdaderos delincuentes que, sólo por servir a los intereses del poder, han sido exaltados por la narrativa oficialista al más alto de los honores. La narrativa oficial, que ha sido el arma de un sistema de partido único y antidemocrático del siglo XX, se convierte también ahora en el pretexto para la descalificación de las distintas narrativas que no han coincidido con la oficial.
Conviene que como país entremos en un proceso de aceptación y tolerancia de las distintas perspectivas e interpretaciones. Nunca el poder podrá acallar las distintas narrativas e interpretaciones de la realidad, pues aún en los sistemas más férreos, estas perviven y encuentran vías de escape en el arte o, lo que resulta problemático, pero inevitable, en la violencia civil. Estamos a tiempo de dar espacio a las distintas narrativas con respeto, nunca y mucho menos, la condena desde el atril presidencial.

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