Nicea

por Michelle Fletes Rubio
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PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

El 19 de junio del 325, hace ya 1,700 años, se redactó el símbolo niceno, la declaración dogmática del Concilio de Nicea, convocado por el emperador Constantino con la anuencia del Papa San Silvestre I para iniciar el 20 de mayo y terminándose el 25 de agosto del año 325. Se trata del primer concilio ecuménico, de los 20 que se han realizado en la milenaria historia de la Iglesia.
El Concilio de Nicea se trata de una asamblea eclesial de gran importancia histórica y doctrinal. Además de ser el primer concilio ecuménico, supuso una respuesta de carácter sinodal a un par de problemas. Uno pastoral, pues la Pascua se celebraba en fechas diferentes en algunas Iglesias; otro dogmático, que afectaba a toda la Iglesia y, debidas las proporciones, al Imperio Romano que buscaba la paz tanto civil como religiosa después del triunfo de Constantino.
El concilio niceno zanjó el debate teológico en torno a la divinidad de Jesucristo, consubstancial al Padre. Durante los años previos, Arrio, Sacerdote alejandrino, enseñaba con gran labia que el Logos (el Hijo de Dios) no podría ser eterno como el Padre; pues habría un tiempo en el que el Logos no existiera y, por tanto, fue creado por el Padre antes de la creación de cualquier otra criatura, como la más bella y excelsa de todas las obras divinas, pero no de la misma substancia de Dios. Su doctrina se expandió con gran éxito por todo las Iglesias del Oriente cristiano y hubo obispos que apoyaron su difusión e, incluso, defendieron a Arrio de San Alejandro de Alejandría que lo había excomulgado y condenado su herejía.

Constantino no quería más divisiones religiosas ni políticas, por lo que exigió a los Obispos que se pusieran de acuerdo en la confesión de fe y llegaran a la unidad dogmática. Se eligió para la reunión sinodal el palacio imperial de Nicea, facilitando el mismo emperador todos los medios para la participación del mayor número de Obispos de todo el Imperio Romano e incluso de Persia.
Los padres conciliares condenaron el arrianismo y llegaron a la formula dogmática que profesa la consubstancialidad del Hijo con el Padre, que procede de este no por creación sino por generación, siendo así Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero.
Según el Papa León XIV la trascendencia del concilio niceno, el sínodo por excelencia, llega a nuestros días y servirá de brújula para el futuro de la Iglesia para tres temas fundamentales. El primer tema es el de la unidad teológica que confiesa la divinidad de Cristo y, por ende, su centralidad para lograr la perfecta unidad de una sola Iglesia en la diversidad de Iglesias particulares, a través del ecumenismo teológico. El segundo tema es el de la sinodalidad, establecido como forma de ser Iglesia precisamente en este concilio de Nicea y a partir de él. Y el tercer tema, es el de la búsqueda de la celebración de la Pascua en una misma fecha.

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