PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ
Fueron las mujeres diputadas del partido Morena las que cobijaron con su cuerpo y con su voz a un presunto violador, al también diputado morenista, Cuauhtémoc Blanco, mientras él mismo se defendía en la máxima tribuna de la República, en el recinto del Congreso de la Unión. El grito al unísono de estas mujeres diputadas: “no estás solo”, quería acallar a las voces de los opositores que reclamaban, con justo enojo, que se le daba la palabra en la tribuna de los representantes del pueblo a un presunto delincuente. Otro decepcionante escándalo de la partidocracia que no podemos erradicar en nuestro país, al estilo del más rancio partido de Estado para defender a los suyos, a costa de las víctimas y del pueblo.
Después de la bochornosa sesión, las voces más autorizadas de Morena han dicho cosas tan distintas y disparatadas como que no se procedió a quitarle el fuero al “Cuau” porque el expediente judicial de la Fiscalía General del Estado de Morelos estaba mal integrado, de modo que se trataba de una nueva oportunidad para la Fiscalía y no para el acusado. Otros alegaban el carácter político del caso, por lo que era necesario proteger al gremio correligionario a costa de lo que sea, para no darle gusto a los enemigos de la 4T. Pero nadie, nadie de ellos, especialmente de ellas, ni de la presidente (con “a”), tuvo una palabra para la supuesta víctima que, por tratarse del delito, se perjuraba que ahora se daría crédito a la persona ultrajada, aunque luego vinieran las investigaciones. ¿Cómo entonces darle voz desde la tribuna parlamentaria al supuesto agresor y no a la víctima? Aquí está la contradicción y el escándalo.
Frente a la sociedad, el descrédito delos que nos gobiernan es cada vez mayor, pues por mucho que se diga de las diferencias con el pasado, parece que no sólo son iguales sino peores, pero ahora bautizados con la fuerza del partido, que al ser cuasitodopoderoso expía todo delito; a los malos los hace buenos, a los antiguos corruptos, que pasan de la oposición a Morena, los hace ahora buenos políticos y ciudadanos comprometidos, como a los Yunes, por citar solo a unos.
Por eso, el grito ensordecedor de la bancada morenista: “no estás solo”, tiene un significado muy lamentable. “No estás solo si estás con nosotros, si eres de los nuestros, aunque seas delincuente, te cobijaremos con el manto protector del dios mascupano”. Pero las víctimas, por el mero hecho de ser de oposición, les declaran ya la condena de la soledad. A ellas les dice con la elocuencia del mensaje subliminal, entre líneas, que están solas para que mueran de inanición de justicia, que desistan a tocar a los poderosos. A la denunciante le mandan este mensaje de que ella sí está sola, de que no tenga las expectativas de contar con ellas, de esas mujeres que llegaron a una curul porque muchas otras mujeres creyeron que ellas sí serían diferentes.
