PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ
Una de las expresiones más recurrentes de los integrantes de la así llamada 4T es la de “no somos iguales”. Frente a alguna acusación de corrupción o señalamiento de gestión de mal gobierno su respuesta es la misma: “no somos iguales”. Dicen, por tanto, no ser iguales a los anteriores gobiernos emanados del PRI y del PAN tan llenos de ineficiencias, corrupción y coalición con el crimen organizado, y también con el crimen desorganizado. Nadie, pero nadie en su sano juicio, puede justificar los malos gobiernos anteriores, aunque es cierto que hicieron cosas buenas, por lo que nadie, pero nadie, en su sano juicio o en su madurez democrática quisiera que volvieran a gobernar los de antes o se gobernara con los criterios de antes.
Aquí radica el problema. Que muchos de los que nos gobiernan ahora con la bandera de Morena fueron los corruptos, ineficientes y delincuentes que nos gobernaron anteriormente. Baste como ejemplo el más corrupto, ineficiente y delincuente: Bartlett. ¿Cuántos de los que enarbolan ahora la 4T fueron los políticos impresentables del PRI y del PAN de hace unas décadas? ¿A poco cambiar de color ha cambiado sus mañas? Y, desgraciadamente, también muchos de los que gobiernan en la actualidad, y fueron luchadores sociales íntegros y ejemplares, llegaron al poder para desbancar a algunos y colocarse ellos con las mismas actitudes y con los mismos vicios, es decir, con los mismos criterios corruptos de los de antes. Es lo mismo, pero con caras diferentes y con ganas de vengarse, que es lo peor.
Dice un dicho que “para muestra, basta un botón”, pero este verano se destapó casi toda la flora morenista, así que ya no hay un solo botón de una planta, sino un vergel de lo mismo. El dispendio, el exceso, el lujo que ha caracterizado a estos políticos en sus vacaciones y el cinismo de justificarse con el sólo dicho de “no somos iguales”. ¿Cómo les vamos a creer que no son iguales si han desmantelado las instituciones que daban claridad y transparencia en el manejo de los recursos? ¿Cómo les vamos a creer cuando el gasto de estas lujosas vacaciones no pudiera dárselo con lo que ganan honestamente?
Tengo que concluir que es verdad lo que dicen y que justifica muy bien su dispendio: “No somos iguales”, pero no en comparación con los malos políticos del pasado, pues de ellos son una pésima calca… Más bien, no son iguales al ochenta por ciento de los mexicanos que no pueden darse esos lujos de ir a vacacionar a Europa o Japón en los mejores hoteles y restaurantes. No son iguales a los que dicen representar: los pobres. Eso de “primero los pobres” es un eslogan de propaganda que no los ha convencido ni en lo más mínimo a ellos, por eso pueden, además de vacacionar de esa manera, lo que es más cínico y desvergonzado, satanizar la riqueza y abrazarla con tanta desenvoltura y gozo.
