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Nuestra grandeza

por Quetzali Hernández
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LAURA CASTRO GOLARTE

En las últimas semanas, aun cuando es un concepto que se ha manejado ya desde hace algún tiempo, se ha repetido de manera insistente. De hecho, se le dedica un espacio en las ahora llamadas “Mañaneras del pueblo” por lo menos una vez a la semana. Me refiero al Humanismo mexicano. El significado es profundo y quizá no sea identificado por muchos con ese término, sin embargo, los elementos y principios que lo componen son totalmente reconocibles en aspectos de nuestra idiosincrasia y realidad.

Reitero, aun cuando el concepto fue expuesto en la administración anterior, me referiré a las ideas que en torno al Humanismo mexicano se expusieron el 8 de octubre del año pasado, es decir, a una semana de que la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo rindiera protesta; aunque, debo decir, más allá del vínculo entre el concepto y el actual gobierno, lo que quiero destacar es el reconocimiento que se hace de nuestra grandeza y de nuestra historia, de las luchas que como pueblo hemos emprendido a lo largo de siglos; y de las aspiraciones, por supuesto, con proyección de presente y de futuro, porque esto trasciende sexenios y partidos. Se reconoce y se valora, para que incluso lo hagamos nosotros mismos, acostumbrados por mucho tiempo a aceptar (cargar) críticas y juicios injustos, la grandeza de las culturas milenarias ancestrales de todos los mexicanos así como la historia de nuestro país marcada por las luchas constantes por la independencia y la libertad, la justicia social y contra la pobreza y la desigualdad.

De manera textual se expuso lo siguiente:

“Son nuestras raíces culturales y políticas que laten en el corazón de cada mexicano; son siglos de trabajo, historia y sabiduría; de luchas y deseos de justicia social y libertad… Es la hazaña colectiva de construir una nación soberana, justa, solidaria y democrática; el sueño de alcanzar el bienestar para todos, de una prosperidad compartida. La felicidad y la esperanza se fundan en el amor al prójimo, a la familia, a la naturaleza y a la patria”.

Difícil manifestarse contra estas ideas que están en los cimientos de nuestra cultura, de tradiciones y costumbres; incluso de convicciones religiosas.

Otro de los planteamientos del Humanismo mexicano tiene que ver con un objetivo muy preciso: combatir, hasta su erradicación, la corrupción que tanto daño nos ha hecho durante siglos. Solamente quienes ejercen prácticas corruptas podrían estar en desacuerdo con esta meta, porque además implica que en la medida en que se avance, el Estado mexicano tendrá más y mejores instrumentos y herramientas, recursos, para conducirse a favor de los mexicanos y seguir abatiendo los niveles de desigualdad y pobreza.

El Humanismo mexicano rescata y destaca las cualidades de los mexicanos reconocidas más allá de nuestras fronteras: fraternidad, compasión, solidaridad, generosidad, justicia, diversidad e igualdad, todo desde la libertad como un componente esencial de un régimen democrático. En este orden de ideas, una sociedad que es así, trabajará y trabaja por disminuir las desigualdades que todavía nos laceran y se opondrá siempre al clasismo, el racismo, la discriminación en todas sus formas y el machismo:

“esto es el Humanismo mexicano, todas y todos lo vivimos y recreamos. Somos un pueblo trabajador y
solidario, con la fuerza que nos da nuestra historia, la herencia gloriosa de nuestros antepasados, que llevamos en el corazón y que nos da la fuerza y la convicción de construir un futuro mejor para todos”

Esto es, es lo que somos y hemos sido, pero que no había sido reconocido, al contrario, había sido ocultado o tergiversado o manipulado.

Los principios y causas del Humanismo mexicano se reiteran ahora en los planes y programas que está planteando el gobierno de Claudia Sheinbaum. En el Plan México, por ejemplo, que se dará a conocer la próxima semana con detalle, pero del que se han adelantado algunos elementos, se incluye el concepto de prosperidad compartida, totalmente inmerso en la idea del Humanismo mexicano y en el que están de acuerdo, para trabajar en esa misma línea, las cúpulas empresariales de este país.

Ya me he referido en otros momentos al ensayo que escribí hace unos años, en 2017, cuando al estudiar Historia de México me percaté de lo mal que nos la han enseñado, sobre todo por el ocultamiento deliberado de nuestra grandeza. Ya no, al contrario, aunque es preciso insistir y enseñar permanentemente sobre nuestra grandeza gloriosa y milenaria para alimentar nuestra conciencia histórica aquí, ahora y a las generaciones por venir.

Capturas del video reproducido en la “Mañanera del pueblo” del lunes 30 de diciembre de 2024

Periodista, doctora en Historia y docente en ITESO.
Correo electrónico: lauracastro05@gmail.com

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