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Nuevos Sacerdotes

por Michelle Fletes Rubio
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PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Hace ocho días recibieron el ministerio sacerdotal treinta Diáconos. Sin duda una bendición en una época en que las vocaciones han venido a menos de manera muy notable en todas partes. El futuro inmediato no es muy alentador, ni en Guadalajara, Diócesis que históricamente había tenido siempre abundancia de consagrados. Esta crisis de Sacerdotes tiene algunas explicaciones.
La longitud de los estudios que actualmente ronda los nueve años, mientras que en la sociedad civil la tendencia universitaria es justamente reducir los tiempos previos, y hacer de la formación continua la regla general. Una formación prolongada, y en régimen de internado, genera saturación, cansancio, e incluso deserción, por más que pueda tener, teóricamente, aspectos positivos.
La secularización social en su versión actual debilita las causas altruistas, los jóvenes no quieren hacer mal a nadie, pero tampoco quieren dedicar toda su vida a un ideal noble y exigente; el bien que procuran es eventual y en la medida que no afecte sus intereses.
El impacto de los escándalos provocados por algunos Sacerdotes y que han sido constantemente publicitados a lo largo de estos 25 años, genera una especie de “cruda” generacional que disuade a los jóvenes de acercarse a esta vocación.
La familia reducida a dos hijos y en ocasiones a uno, conlleva el temor de que el único hijo se vaya al Seminario.
Los grupos de acólitos, de adolescentes y de jóvenes han sido un espacio para la promoción de vocaciones sacerdotales. Si éstos se reducen también los ambientes propicios para el cultivo de la vocación.

No debemos olvidar tampoco que la vocación al sacerdocio tiene mucho que ver con la imitación, es decir, con la forma y modo de ser de los Sacerdotes que puede invitar o alejar a los posibles candidatos.
Si un Obispo tiene en su Diócesis cien Parroquias y ciento veinte Presbíteros, de los cuales el 80% son mayores de sesenta años, debe pensar que en quince años se quedará sin ellos, y sólo tendrá 24 menores de dicha edad. Si en su Seminario Mayor tiene sólo treinta alumnos y un promedio de ordenaciones de dos o tres por año, y pocas posibilidades de que le presten Presbíteros de otras Diócesis, ¿no debería ya estar pensando seriamente cómo enfrentar el futuro inminente? ¿O dirá: “para esas fechas yo ya me fui”? Debemos admitir que eventualmente hay líderes religiosos de ese talante.
Sin embargo, la cuestión vocacional no es asunto que corresponda sólo al Obispo, debe ser una preocupación de toda la comunidad, y un compromiso eclesial que lleve no sólo a buscar caminos para el cultivo de las vocaciones, también alternativas de atención a las comunidades, con o sin sacerdotes. En Europa, Obispos e Iglesias nos dan un alto ejemplo de esta búsqueda de soluciones y alternativas, mientras que en México o nadie quiere ver la realidad, o pensamos que ésta se resolverá por arte de magia, tendencia enfermiza fruto de una espiritualidad distorsionada.

armando.gon@univa.mx

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