Nuestros templos ya no están cerrados por la Ley Calles sino por la falta de fieles, señaló el Cardenal.
Sonia Gabriela Ceja Ramírez
El miércoles 11 de febrero, el señor Cardenal José Francisco Robles Ortega dirigió su mensaje de Cuaresma al Presbiterio de Guadalajara.
La cita fue a las 10.30 en el Seminario Menor. A su llegada los Sacerdotes aprovecharon para saludarse platicar un poco. En punto de las 11, se rezó la Hora intermedia ante el Santísimo.
EN EL NOMBRE DE CRISTO REY Y SANTA MARÍA DE GUADALUPE

Después intervino Mons. Óscar Sánchez Barba quien hizo un recuento y reflexión sobre la persecución religiosa, particularmente sobre los Mártires Mexicanos y el Sacerdocio.
Durante su exposición Mons. Sánchez Barba explicó cómo se gestó el conflicto religioso en México y las repercusiones que tuvo para la jerarquía y los fieles católicos. Rememoró que el 24 de julio de 1926 se anunció de la suspensión del culto, lo que provocó que miles de fieles abarrotaran el zócalo capitalino y la catedral metropolitana para recibir los sacramentos antes de que cesara el culto, pues en aquel momento, el 90 por ciento de la población era católica.
Explicó que en Guadalajara, el Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez, junto con 80 de sus sacerdotes permanecieron en el campo atendiendo a los fieles. “Estaban escondidos, celebraban Misa y administraban los sacramentos en casas particulares en las noches o las madrugadas. Caravanas de fieles los buscaban aún ante la amenaza del gobierno”.
En datos duros, mencionó que en ese tiempo había en México unos 4 mil sacerdotes, de los cuales unos 100 eran hostiles a los cristeros; 3 mil 745 abandonaron sus parroquias rurales y se fueron a vivir a las ciudades o al extranjero. 110 sacerdotes no abandonaron el campo. Activamente favorables a los cristeros fueron 40 sacerdotes, mientras que solo cinco combatieron, dos de ellos como generales.
Apuntó que aproximadamente 250 mil personas entre sacerdotes, mujeres, hombres y niños perdieron la vida durante la persecución religiosa.
RENOVARNOS PARA RENOVAR

Por otra parte, en su mensaje de Cuaresma dirigido a los sacerdotes, el Cardenal José Francisco Robles Ortega los exhortó a vivir este tiempo como una oportunidad de renovación personal y pastoral, de cara a la Pascua. Recordó que “la Cuaresma es el tiempo de gracia para prepararnos, renovando nuestra vida, recuperando nuestra gracia y dignidad bautismal”, y subrayó que los primeros llamados a la conversión son los propios pastores.
El purpurado invitó a realizar una reflexión “serena, pero honesta de la realidad”, reconociendo que el contexto cultural ha cambiado profundamente. Señaló que el secularismo y la indiferencia han debilitado la práctica religiosa: “La propuesta, el anuncio de la Palabra ya no tiene el mismo interés para el mundo de hoy”. Incluso evocó la imagen de templos cerrados no por persecución, sino por falta de fieles: “No es por la ley Calles, es por la ausencia de fieles”.
ABRIR LA MENTE Y EL CORAZÓN
Ante este panorama, animó a no caer en la rutina ni en el desánimo, sino a redescubrir el tesoro que la Iglesia custodia: “¿Qué es lo que hay detrás de esa puerta cerrada? Está el misterio más grande, está la respuesta más radical y más oportuna a todos los problemas del hombre de hoy”. En esta línea, retomó la propuesta de “una Iglesia de puertas abiertas”, convencido de que “la solución no está en cerrar. La solución está en abrirnos”.
Finalmente, llamó a una conversión permanente del clero, exhortando a estar “en el mundo sin ser del mundo” y a despojarse de la “mundaneidad” que puede infiltrarse en la vida sacerdotal. Concluyó deseando que este tiempo sea “un tiempo de renovación pastoral para nosotros y junto con nosotros de renovación para nuestras respectivas comunidades”.
Dijo que si bien la Iglesia de Guadalajara y sus Sacerdotes han querido darle un toque sacerdotal a este año jubilar por sus 50 años de vida ministerial, esta es una oportunidad para que todos los Presbíteros se dejen alcanzar por la gracia y “retomar, reavivar, renovar nuestra vida sacerdotal”.
La Jornada concluyó con algunos avisos, entre ellos, el informe de Cáritas diocesana y el anuncio de un nuevo Festival Internacional de Cine organizado por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

