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“Padre, ¿puede un católico creer en supersticiones?»

por Quetzali Hernández
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Pbro. Eduardo Michel Flores

En cierta ocasión, un joven me preguntó: “Padre, ¿puede un católico creer en supersticiones? Pregunto porque mi familia, aunque es católica, cuando llega el fin de año, cree y practica una serie de supersticiones que a mí me hacen entrar en conflicto; por ejemplo, con motivo de Año Nuevo, realizan ciertas prácticas como eso de comer doce uvas antes de que se acaben las doce campanadas de la medianoche para atraer buena suerte. O eso de usar prendas de determinado color con el mismo fin, etcétera”.

Entonces yo le respondí: “La Iglesia Católica enseña que las supersticiones son incompatibles con la fe cristiana, ya que estas prácticas contradicen la confianza total en Dios y su providencia”.

ENSEÑANZA DE LA IGLESIA AL RESPECTO:

  1. ¿Qué son las supersticiones según la Iglesia?
    El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) define la superstición como un exceso o desvío de la religiosidad que atribuye a ciertas prácticas o cosas un poder que solo pertenece a Dios:
  • En el numeral 2111 se afirma: “La superstición es la desviación del culto que rendimos al verdadero Dios; consiste en atribuir una importancia de algún modo mágica a ciertas prácticas legítimas o no, o atribuirles una eficacia que no depende de Dios”

Esto incluye cualquier creencia de objetos, rituales o acciones humanas que puedan, por sí mismas, garantizar suerte, éxito o protección.

  1. ¿Son compatibles estas prácticas con la fe católica? No. Un católico no debería practicar ni creer en supersticiones como las mencionadas:
  • Las uvas y las campanadas: No es malo comer uvas el 31 de diciembre, pero pensar que hacerlo “traerá buena suerte” es supersticioso, pues coloca la confianza en un acto vacío en lugar de estar en Dios.
  • Colores de ropa o rituales como la maleta: Estas prácticas carecen de fundamento espiritual y pueden llevar al fiel a poner su esperanza en cosas que no tienen poder real.
  1. La actitud cristiana ante el futuro.
    Un católico debe vivir el inicio de un nuevo año con una actitud de confianza en Dios y abandono en su providencia. En lugar de recurrir a supersticiones, se recomienda:
  • Orar y agradecer a Dios por el año que termina y pedir su bendición para el nuevo.
  • Participar en la Santa Misa de fin o inicio de
    año, confiando la vida y los proyectos a Dios.
  • Hacer propósitos espirituales y prácticos que
    estén en sintonía con la fe.
  1. Lo que enseña la Iglesia sobre el Primer Mandamiento.
    Nos llama a confiar únicamente en Dios. En el numeral 2110 del CIC se afirma que el Mandamiento prohíbe no solo la idolatría, sino también la superstición,
    como una forma de falta de fe. La superstición erosiona la relación personal con Dios al desviar la atención
    hacia cosas inútiles.
  2. ¿Cómo puede actuar un católico frente a estas costumbres culturales?
    Si bien muchas supersticiones están arraigadas en tradiciones culturales, un católico puede participar en estas prácticas de forma inocente siempre que no les atribuya ningún poder sobrenatural. Por ejemplo:
  • Comer uvas o usar colores puede hacerse como una tradición familiar o social, pero no como algo que “atrae suerte”.
  • Salir con una maleta puede ser una actividad humorística o simbólica, pero nunca como un acto de fe en su eficacia.

Hasta la semana que viene, si Dios quiere.

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