A unos meses de cumplir 20 años de ministerio sacerdotal, el Pbro. Román de la Cruz Hernández fue asesinado en la Huasteca hidalguense. Quienes compartieron con él su vida y ministerio lo recuerdan como un sacerdote cercano, trabajador y comprometido con las comunidades.
Sonia Gabriela Ceja Ramírez
Imágenes y testimonios: Pbro. Domingo Porfirio Cruz, Sacerdote de la Diócesis de Huejutla
La noticia de la muerte del Pbro. Román de la Cruz Hernández dejó consternada a la comunidad católica de México y, particularmente, a la de la Huasteca hidalguense.
El sacerdote, de 48 años de edad, fue localizado sin vida la mañana del martes 15 de septiembre, a un costado de la carretera Tolago-Tetlapaya, en el municipio de Lolotla, Hidalgo.
Originario de Mazahuacán, comunidad perteneciente a Lolotla, el Padre Román desarrolló buena parte de su ministerio sacerdotal en esta región. Fue ordenado presbítero el 18 de diciembre de 2006, en el Santuario de Huejutla, por lo que se encontraba próximo a cumplir dos décadas de servicio sacerdotal.
UN NUEVO CAPÍTULO PARA SANTA CRUZ
Desde septiembre de 2024 estaba al frente de la comunidad de Santa Cruz, en Huejutla, como su primer párroco diocesano.
Su llegada ocurrió en un momento significativo para esta comunidad. Los Misioneros Xaverianos habían concluido entonces una presencia misionera de cinco décadas y entregaron la atención pastoral de Santa Cruz a la Diócesis de Huejutla.
Santa Cruz fue, desde 1974, la primera misión de los Xaverianos en México y durante muchos años fue la única parroquia donde la Misa, la catequesis, los cantos y la formación cristiana se realizaban completamente en náhuatl.
El Padre Román recibió así una comunidad con una historia profundamente marcada por la misión y asumió la tarea de acompañarla como sacerdote de la Iglesia diocesana.
Su ministerio en Santa Cruz no se limitó a la celebración de los sacramentos. De acuerdo con quienes convivieron con él, puso especial atención en niños, jóvenes y familias, impulsando la formación y la participación de los laicos.
“Desde que llegó a Santa Cruz el Padre Román mantuvo una postura firme mostrando que quería lo mejor para el pueblo. Él nos instruía a través de la Palabra de Dios, sabiduría, consejos”, recuerda Denisse Escobar Hernández.
Para ella, una de las preocupaciones del sacerdote era ayudar a las familias a encontrar caminos distintos frente a las situaciones que afectaban a niños, jóvenes y matrimonios.
“Lo que yo veía es que él quería que nosotros como seres humanos tengamos una mentalidad diferente, que busquemos el camino de Dios en nuestras familias, con nuestros hijos”, comparte con el Padre Domingo Porfirio Cruz, Sacerdote de la Diócesis de Huejutla, quien recabó los testimonios sobre el Padre Román.
“En él se vieron solo cosas buenas. Fue una persona que se ganó el respeto”, añade.
Gabriel Hernández Hernández también recuerda al Padre Román como un sacerdote cercano y con facilidad para relacionarse con las personas y las familias.
“Era un sacerdote muy carismático, muy trabajador, le gustaba mucho interactuar con la gente, con las familias”, señala.
Y resume así la manera en que el sacerdote miraba las posibilidades dentro de su comunidad:
“Donde otros miraban niños distraídos en los celulares, él miraba futuros monaguillos; donde otros escuchaban ruido, él veía un coro, y veía futuros ministros que llevan la Eucaristía con amor a los enfermos”.
De acuerdo con Hernández Hernández, el Padre Román impulsó estos servicios y ministerios durante su estancia en Santa Cruz.
UN MINISTERIO AL SERVICIO DE LA IGLESIA DIOCESANA
A su servicio parroquial se sumaba una responsabilidad dentro de la propia Diócesis de Huejutla: coordinaba la Comisión para la Pastoral Profética, vinculada con la evangelización, la catequesis, la formación bíblica y otras dimensiones del anuncio de la fe.
Su ministerio se desarrolló así entre la vida concreta de las comunidades y el servicio pastoral de la Iglesia particular de Huejutla; entre la celebración de la fe y la tarea de anunciarla y fortalecerla en una región con una profunda identidad cultural y religiosa.
Antes de llegar a Santa Cruz, el sacerdote ejerció durante ocho años su ministerio en Acoxcatlán, donde también dejó vínculos con la comunidad.
Yeidy Lorenzo Velasco, habitante de esta localidad, compartió con él labores de servicio y cocina y lo recuerda como un sacerdote “muy entregado, responsable y dedicado”.
“Las comunidades eran muy allegadas a él”, afirma.
Con lágrimas, Yeidy reconoce que todavía resulta difícil aceptar la muerte del sacerdote.
“Para mí siempre va a ser una buena persona, que merece todo mi respeto. Siempre será recordado en la parroquia de San Pedro Apóstol en Acoxcatlán”.
Según testimonios recabados por el Padre Domingo Porfirio Cruz, de la Diócesis de Huejutla, el Padre Román dejó entre quienes lo conocieron una huella de trabajo y unión en las comunidades donde ejerció su ministerio.
“NO PODEMOS ESPECULAR SOBRE ESTE ACONTECIMIENTO”
La muerte del Padre Román vuelve a colocar a la Iglesia en México ante el dolor de perder a uno de sus ministros en medio de la violencia que afecta al país.
La Diócesis de Huejutla pidió a las autoridades realizar una investigación exhaustiva y esclarecer los hechos para evitar que el crimen quede impune.
El domingo 20 de septiembre, el Obispo José Hiraís Acosta Beltrán celebró una Misa por el eterno descanso del sacerdote. Durante la homilía pidió al Señor misericordia para el Padre Román y consuelo para sus familiares, feligreses, laicos comprometidos y sacerdotes.
“Nos sentimos consternados por el hecho, pero no podemos especular sobre este acontecimiento”, señaló el Obispo.
Ante la situación de violencia que se vive en el país, hizo un llamado a las autoridades competentes para que realicen una investigación exhaustiva y se llegue al esclarecimiento de lo ocurrido.
“Como pastor de esta Iglesia diocesana particular, hago un apremiante llamado a los fieles para que como sociedad construyamos una cultura de paz y de reconciliación buscando la erradicación de la violencia, y no perdamos el respeto a la vida humana que es obra de Dios”, expresó.
El Obispo también invitó a evitar los sentimientos de “rencor, de venganza, de odio” y a reconocerse como hermanos e hijos de Dios.
DOLOR POR SU PARTIDA Y GRATITUD POR LOS AÑOS DE SERVICIO
Por su parte, la Conferencia del Episcopado Mexicano expresó su solidaridad con la Diócesis de Huejutla y con quienes compartieron la vida y el ministerio del sacerdote, elevando oraciones por su eterno descanso y pidiendo fortaleza y consuelo para sus familiares, amigos y feligreses.
Mientras las autoridades realizan las investigaciones correspondientes, en las comunidades donde sirvió permanece el recuerdo de un sacerdote que, para quienes convivieron con él, hizo de la cercanía, el trabajo y la formación, una manera concreta de ejercer su ministerio.



