
Desde el Corazón
LUPITA:
Recibí a mi hermana en casa. Ella discutió con su esposo que es alcohólico y ya la ha golpeado. Sus hijos están muy afectados. El varón hace drogas y la mujer de 15 años está embarazada. Además, ella está muy endeudada. ¿Por dónde empezar a ordenar todo esto?
Laura E.
HERMANA MÍA, LAURA:
Una persona vive de forma caótica por falta de un proyecto de vida. El mundo actual nos lleva a vivir de manera superficial, acelerada y hedonista. Pocos son los que reflexionan acerca del sentido de su existencia y muchos son los que viven por vivir, sin proyección de futuro.
Para enfrentar una problemática compleja hay que dividir el problema en partes y trabajar una a una, de manera que se haga manejable.
En general, los expertos recomiendan: Reconocer y aceptar la situación. En el caso de tu hermana, este paso está dado, pues salió ya de su casa y sabe que sus problemas la rebasan, por lo cual pide ayuda. Tratar de enfocarse en soluciones y dejar de dar vueltas a los problemas.
Buscar ayuda. Hagamos conciencia de que nunca estamos verdadera y totalmente solos. Ante toda crisis hay opciones de ayuda. Existen movimientos y organizaciones que se especializan en las diferentes problemáticas sociales: violencia intrafamiliar, adicciones, co-dependencias, infidelidad, deudas, ansiedad… Hay médicos y especialistas a los cuales acudir.
El apoyo social es fundamental. Acércate a familiares y amigos que puedan brindar soporte emocional.
Definir límites saludables para el bien personal y familiar. Tener la certeza de que podemos romper cadenas de vicios e injusticias cuando empeñamos nuestra voluntad en ello.
Hacer un proyecto de vida. Plantearse las siguientes preguntas: ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?, ¿Cuál es mi misión en este mundo?, Explorar las propias cualidades para ponerlas al servicio de los demás, esto ayuda enormemente a aclarar el ideal de vida y las metas a alcanzar.
Es importante que como creyentes conozcamos nuestra fe. En ella tenemos todas las respuestas y se nos llena de esperanza el corazón. Oremos y estudiemos.
“Vengan a mi todos los que están cansados y agobiados que yo los haré descansar. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera» (Mt. 11, 28-30).
Lupita Venegas/Psicóloga
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