PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ
El contexto temporal del Cónclave, que se realiza para elegir al nuevo Papa tras la muerte de Francisco, está enmarcado por el domingo IV de Pascua, llamado del Buen Pastor, por el texto evangélico que se lee en la liturgia, contemplando al Señor Resucitado, el Pastor, con mayúscula. En este domingo, quizá estemos todavía con la expectativa de quién será o ya con la alegría de poder pronunciar su nombre impuesto voluntariamente en la oración eucarística.
En los días previos al Cónclave se oye decir sobre perfiles y candidatos, pero hemos de insistir que no hay más que un perfil: el de pastor. El modelo de todo ministro ordenado, principalmente del Papa, es Jesús el Buen Pastor. Y él da la pauta de quién, unido a él y participando de su ministerialidad capital, puede ser buen pastor.
Jesús Buen Pastor, nos dice el Evangelio de Juan, tiene como primera actitud el que conoce a sus ovejas, las llama por su nombre. El conocer, etimológicamente proviene del sufijo “con” que tiene el significado de junto a, unión; y el sustantivo “koiné”, como se caracterizaba, después de Alejandro Magno, a todo el mundo con influencia helénica, es decir, aquello que une a los diversos, el punto común. Dos cosas importantes, por tanto, implica el conocimiento: la apertura y la comprensión. Exige salir de sí mismo hacia el otro y lo otro; el mismo santo Tomás habla que la inteligencia, cuya actividad propia es el conocer, tiende al objeto, movimiento, en cuanto adecuación de aquella con este, es el proceso de aprender la verdad, que trascendiéndose abre a la Verdad Absoluta, a Dios que es la Verdad
El pastoreo del Papa, como de todo ministro, por tanto, es la apertura a la verdad de las personas y del mundo, a la Verdad de Dios. Eso excluye definitivamente las ideologías que son el círculo vicioso de encerrarse en la propia idea; la ideología es lo contrario a la apertura, a la tendencia hacia fuera de sí para aprender al objeto real y consecuentemente del Evangelio. Las ideologías son excluyentes, sean de izquierda o de derecha. Los pastores que se dejan seducir por esos criterios ideológicos terminan por alejarse de la Verdad, del Evangelio, al que utilizan sólo para justificar sus posturas prefabricadas y manipuladoras. Qué lejos están del Evangelio aquellos que ideologizan en el ámbito de la fe, colocándose como “tradicionalistas” o “progres”, unos oliendo al rancio ropaje del pasado conservado en crinolina y otros al perfume barato de catálogo. Nunca olerán a Cristo.
Conocer, pues, reclama el salir de sí mismo, ir al encuentro y entender, comprender, lo que supone el reconocimiento, lleno de sabiduría, de lo que tienen de semillas del Verbo, de Evangelio; como para poder también discernir lo que no corresponde. Rogamos para que Dios conceda un Papa, un “pastor”, alejado de toda ideología y que, a su magisterio, podamos también salir todos en la Iglesia para que, ejerciendo el pastoreo del Resucitado, podamos conocer y amar como él.
