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PASTORAL & CULTURA: ¿Cárteles religiosos?

por Gabriela Ceja Ramirez
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PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Recientemente hemos asistido a un nuevo capítulo de esta serie trágica protagonizada por la delincuencia organizada, justo el primer domingo de Cuaresma del presente 2026.

Televisoras y redes sociales, en los días siguientes nos han saturado de todo tipo de informaciones reales, supuestas o falsas, en torno al dramático evento de la captura de un capo, nada menos que en el pueblo ¿mágico? de Tapalpa, aunque pareciera que la captura se hacía en medio país.

Entre las imágenes que nos han llegado de la morada que el capo tenía, llama la atención la presencia de símbolos religiosos del universo católico, tales como crucifijos, estatuillas de San Judas Tadeo y de la Virgen de Guadalupe ¿se trataba pues de un capo religioso? ¿Podía serlo y sin embargo liderear una de las organizaciones más criminales de nuestro tiempo?

Para comprender este y otros fenómenos similares debemos advertir la manera en que está compuesta la comunidad católica en México, es decir, hay un gran porcentaje de católicos no practicantes, que viven su fe como una herencia cultural, familiar e identitaria, sin que eso signifique que la conozcan, y sobre todo que la asuman con todas sus consecuencias, en particular, con los diez mandamientos de la ley de Dios, y los dos mandamientos en que Jesús sintetizó los diez.

Para muchas de estas personas la Virgen y los santos son simplemente poderes que los pueden ayudar incluso para delinquir, en consecuencia, cuando llegan las fiestas de estos personajes celestiales, los cárteles hacen grandes gastos para que las celebraciones sean rumbosas, claro, en acción de gracias por la protección que ellos se imaginan reciben de San Judas o de la Virgen de Guadalupe.

Esta realidad revela los grandes vacíos formativos en que tantas personas han crecido, sea porque la Iglesia carece de suficientes catequistas, sea porque no ha podido llegar a todos los estratos sociales, o porque su acción pastoral sigue apostando a aprender la religión, no a vivirla, mientras que otros pastores se contentan con formar a los que van, olvidándose de los muchos que no se acercan, catequesis parroquiales con asistencia de cien niños, cuando que en el territorio parroquial hay mil o más.

Debe igualmente recordarse que la cultura católica cuando está en buena condición, crea un ambiente en el cual los principios y los valores se respiran y se asumen, pero cuando se debilita, y en su lugar se van imponiendo otros principios y valores para nada cristianos, también éstos se respiran y se asumen, y las antiguas devociones católicas acaban al servicio del crimen, por muy contradictorio que nos pueda parecer.

Es triste la suerte de quienes militan en los altos mandos de la delincuencia, difícilmente tendrán amistades sinceras, pues cuantos los merodean no buscan otra cosa que sacarles provecho sin correr el riesgo que ellos se toman, y en cuanto a los santos, podrán servirles de consuelo, pero nunca contarán con su auxilio a menos que cambien de vida.

armando.gon@univa.mx

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