Inicio Editorial“Paz desarmada y desarmante” La batalla no ha concluido

“Paz desarmada y desarmante” La batalla no ha concluido

por Gabriela Ceja Ramirez
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No queremos ser pesimistas, pero sería peor no ser realistas. La expresión del Papa León XIV, de proclamar y comprometernos por una paz desarmada y desarmante, que pronunció el día de su elección, nos apresura a ver con claridad lo que queremos y lo que debemos hacer para lograrlo.

El objetivo es una paz desarmada, es decir, una paz en la que no tenga que intervenir ningún instrumento de destrucción, una paz así como la deseó Jesús resucitado a sus discípulos escondidos por temor (como estuvimos nosotros).

Para llegar a esa paz desarmada es necesario -primero- llegar a una paz desarmante, cuya finalidad sea eliminar todo armamento, que no sea una paz hipócrita, sin aparentes conflictos, pero teniendo el fusil debajo de la mesa. En nuestro caso, mientras los maleantes tengan la posibilidad de adquirir municiones, nunca alcanzaremos una paz desarmada.

Sabemos que la situación que vivimos la semana pasada es resultado de sexenios de gobiernos, de todos los niveles, cómplices, corruptos, incapaces, equívocos, o lo que haya sido, o la combinación de todos.

Por ejemplo, ¿cómo han podido hacerse llegar los grupos criminales armamento tan sofisticado y poderoso, mejor que el de los gobiernos estatales? No se entiende sin la complicidad de autoridades, y el poderoso recurso económico con el que cuentan, gracias también a la corrupción de entidades financieras que han permitido el manejo ilegal de sus cuentas.

Parece que el gobierno actual ya se convenció, influido o no por Estados Unidos, de que la política de seguridad de “abrazos, no balazos” es un fracaso, sobre todo pensando en los ciudadanos.

La expresión de López Obrador fue una ocurrencia momentánea que luego tuvo que mantener, para “explicar” su estrategia en contra de la delincuencia, como otras tantas ocurrencias que dijo (vgr. un sistema de salud mexicano como el de Dinamarca, que luego le sirvió para burlarse de él mismo), o fue una forma de solapar el vínculo con grupos criminales.

Después de tanto tiempo sin hacer nada serio en contra de los cárteles, si continúa -ojalá que sí- esta inercia y sinergia implementada por el Ejecutivo federal, todavía falta mucho por hacer.

No podrá cambiar de la noche a la mañana lo que se ha tejido por décadas, pero lo peor sería que nos conformáramos con la aprehensión de algunos jefes.

El Papa León XIV, en su más reciente publicación, “La paz esté con ustedes”, habla de “globalización de la impotencia”, voluntaria o forzada, pero que afecta a la población, que no afecta a todos, que es propiciada por muchos gobiernos corruptos, pero a la que hay que enfrentar.

En el mismo escrito, el Papa señala que “vivimos en un mundo afectado por hostilidades crueles”, así como nos lo hizo ver el grupo de delincuentes afectados, llegando a extremos inimaginables, ratificando que “la paz es derrotada cuando cedemos a la codicia y permitimos que prevalezcan los intereses particulares en lugar de mirar por el bien común”, tal como nos lo hacen sentir los cárteles y los gobiernos, instituciones y personas corruptas, sea cual sea su ámbito de pertenencia.

Esperemos que lo sucedido no haya sido solo “una llamarada de petate”.

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