PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

Quien ocupa la silla presidencial en este momento, goza de una gran popularidad, pues razones las hay: es la primera mujer que gobierna el país, durante mucho tiempo fue una luchadora social, es científica, es elegante, sin ser elocuente maneja un buen uso del lenguaje, es precisa y calculadora, pertinaz y sabe dar al clavo. Tiene tablas, dirían coloquialmente, aquellos que dicen de alguien capaz de llevar a buen término una gestión.
Pero… la presidente Claudia tiene también en su haber de gobernante, tanto en la Cd. De México como ahora en la presidencia de la República, una herencia de quien la eligió, la postuló y la hizo gobernante. Seguramente también ha recibido una herencia que allende su partido y su líder, tiene que administrar o soportar. Y una de esas herencias tiene que ver con los trenes.
En su gestión como jefa de gobierno de la Ciudad de México salieron a la luz los graves problemas que le heredaron del Metro de la Ciudad, una de las obras de ingeniería y de transporte más emblemáticas del país. Un incendio en los comandos centrales, varios incendios en los vagones, un choque de trenes, el desplome de un convoy de línea 12 que costó la vida de 26 personas y otros tantos heridos, etc. No se trataba de una herencia maldita del gobierno del PRI, cuando quien gobernaba la ciudad dependía directamente de la presidencia de la República, sino de gente militante de su partido político actual, que lleva gobernando la ciudad desde 1997. Ya de forma inmediata, heredó de su predecesor tanto el Tren Interoceánico como el Tren Maya, ambos ya en situaciones de descarrilamiento, uno sin mayor gravedad y otro que, apenas unas semanas atrás, costó vidas humanas.
No es ella, como jefa del gobierno, la que sea la directa responsable por omisiones o corruptelas, pues estos los recibió como herencia. Aunque, según los informes de los peritos que estudiaron el accidente mortal de la línea 12, mucho se debió a la falta de mantenimiento, ya responsabilidad de Claudia. En fin, son herencias llenas de opacidad y corrupción, que seguramente quedarán, como siempre cuando personas importantes son los responsables, en la más vergonzosa impunidad o en el que paguen chivos expiatorios, mandos menores que se dedican a obedecer órdenes de los de arriba, que siempre serán protegidos y, en algunos casos, hasta premiados.
Si bien ella recibió estos proyectos ya con graves problemas, su responsabilidad es garantizar la seguridad de los usuarios de estos medios de transporte que son, de por sí, los más democráticos. Por otra parte, ya le toca a ella y a todo el Estado, que quisiéramos fuera de Derecho, que los responsables paguen por su corrupción u omisión. Le toca que se deslinden responsabilidades a los que fueron los encargados, los de a mero arriba. Pero, a decir, verdad, casi estamos seguros, como lo estábamos en los mejores años del PRI, que quedarán esto en la impunidad y el olvido.
