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PERIPHERIA, IGLESIA EN SALIDA: Diferencias

por Gabriela Ceja Ramirez
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PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

Se enterró al “Mencho” con mucha seguridad, mucha pompa, muchos medios de comunicación que cubrían el evento, como si fuera uno del mundo del espectáculo. Se fue el “Mencho” con mucha publicidad internacional, con menciones por todos lados, con el reconocimiento de diatribas y de panegíricos… a diferencia de otros funerales, de aquellos de miles de desaparecidos que también pasan desapercibidos, aquellos que son las víctimas olvidadas del crimen, los que hasta el gobierno desaparece de sus listas para que no engrosen más el escándalo de la violencia imparable de nuestra patria.

A la familia de uno hasta le alcanzó para comprar la bendición y el reconocimiento redentor de un ministro de faraones, a otros no tuvieron siquiera una mención por su nombre en la intención de una misa de funeral que no se pudo celebrar porque su cuerpo fue disuelto en ácido. Uno sale en el noticiero por semanas, otros son señalados por el juicio de los vecinos porque según se dice, entre murmullos, que se lo merecían. A uno ni siquiera lo tuvieron que ir a reconocer al SEMEFO, pasando largas horas de angustia para ver si hay una señal que lo pueda identificar o esperar la llamada de una somnolienta fiscalía que resguarda cuerpos en tráileres en los predios de la periferia, mientras se le hacen los estudios, si bien les va, de ADN.

Qué imágenes tan contradictoriamente dolorosas, la paradoja terrible de causa – efecto: un ataúd dorado, frente a los viejos y desaseados zapatos de los desaparecidos del Rancho Izaguirre; uno puede gozar de los lujos más excéntricos a costa de la pobreza y del olvido de los otros; uno tiene cercos de la más sofisticada seguridad, cuando los otros son tan vulnerables, tan indefensos. A uno lo defiende un cuerno de chivo, mientras a otro lo amenaza de muerte.

Y este es el México profundo, el país más surrealista del mundo; el de las contradicciones. El México de los relatos callejeros que compiten con el relato oficial, que nunca es creído porque casi nunca es verdadero. El país más guadalupanamente injusto; el que puede gritar “Viva Cristo Rey” al golpe de metralletas. A lo mejor la nación más solidaria en el dolor cuando es provocado por la catástrofe de la naturaleza, pero el más indiferente a la violencia, que ya es parte de nuestro folclore, de nuestra cotidianidad. El México revolucionariamente institucional, uno de los países cuyos gobiernos son los más corruptos del mundo, pero en el que discurso sexenal es el más aplaudido. Este país de surrealismo en donde en medio de balazos se quiere imponer una ley para permanecer en el poder so pretexto de democracia.

Qué diferente realidad en un mismo espacio, que diferente viven los de arriba de los de abajo; qué diferencias tan marcadas, tan insondables, tan permanentes, tan arraigadas. ¿Podríamos un día llegar a ser diferentes para erradicar tantas diferencias? El primer paso es el de la toma de consciencia, pero para ello, todavía estamos lejos.

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