Inicio OpiniónPERIPHERIA: IGLESIA EN SALIDA. La primer testigo de la Resurrección

PERIPHERIA: IGLESIA EN SALIDA. La primer testigo de la Resurrección

por Gabriela Ceja Ramirez
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PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

Las mujeres han sido los primeros testigos de la fe en el Señor Resucitado, como lo mencionan los relatos evangélicos (Mt 28,1-10; Mc 16,1-8; Lc 24,1-11; Jn 20,1-18). Los cuatro Evangelios siguen la línea narrativa de la primera aparición del Resucitado a mujeres, primicias de las que han dado testimonio de su fe en la secular historia de la Iglesia. A pesar de las similitudes en los relatos de la resurrección de los evangelios sinópticos, el cuarto Evangelio sigue otro derrotero, pues la única mujer que se menciona es María Magdalena, que había encabezado la lista de más mujeres en los sinópticos.

María, narra el Apóstol Juan, llega al sepulcro muy de madrugada y, en hallándolo abierto, corre para avisar a Pedro y a Juan, que, a su vez, corren junto con ella de regreso al sepulcro vacío. Al regreso de estos, ella se queda en el jardín del sepulcro llorando, cuando ve dentro del sepulcro a dos ángeles con los que tiene un diálogo, sin que ellos le anunciaran algo sobre Jesús; ella no sabe dónde se lo han llevado y piensa que ha sido robado. Su preocupación es únicamente por el destino del cuerpo de Jesús, pero en ese momento sucede la primera aparición del Resucitado a María Magdalena, pensando ella que es el jardinero. María reconoce a Jesús cuando él la llama por su nombre, haciendo una rememoración de su historia pasada y de cómo el Señor la ha amado en su pecado, haciendo surgir una fe purificada. María Magdalena confiesa a Jesús como Rabbí, pero tendrá que crecer progresivamente en su fe hasta aceptar la revelación de Cristo como Hijo de Dios. Se puede hacer un paralelismo antitético de esta mujer con Eva, pues Eva en el jardín de la vida fue anunciadora de muerte, mientras María Magdalena, en el jardín de la muerte fue anunciadora de vida.

Magdalena recibe de Jesús la misión de llevar un mensaje a sus discípulos en relación a la filiación divina de Jesús que nos ha hecho hijos de Dios en él, que es el Hijo de Dios. El pedirle que deje de tocarle es para expresar que Jesús ha entrado en una dimensión totalmente nueva, de orden espiritual y que los discípulos también tendrán que entrar en esa dimensión; a Jesús ya no podremos tener acceso por los sentidos de la carne con la que podemos palparle, sino con los sentidos del espíritu, con los que podemos experimentarle como Cristo Resucitado.

María cumple fielmente su misión y anuncia con gran gozo y alegría a Jesucristo, el Señor Resucitado, por eso santo Tomás de Aquino la llama apostolorum apostola, es decir, apóstol de los apóstoles porque, como dice san Gregorio Magno, fue la primera testis divinae misericordiae, testigo de la divina misericordia. En este sentido y reconociendo su papel de testigo de la resurrección, el Papa Francisco ha querido que la Iglesia celebrara su fiesta litúrgica solemnemente como al resto de los apóstoles.

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