PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ
Las Cámaras de diputados y senadores, así como los congresos locales de varios estados han hecho tantas reformas a la Constitución Mexicana sin criterio ético alguno, que podemos decir con meridiana razón que han prostituido la Constitución, han hecho leyes a modo y, descaradamente, se regodean en ello. No tienen vergüenza, a pesar de decirse representantes del pueblo se creen amos y señores de la nación. Es el pueblo sencillo, el que trabaja todos los días para llevar el poco pan que se puede a la mesa, el que tiene que padecer sus estupideces y su falta de criterio personal, de vender su consciencia, su ética, por pertenecer al círculo de poder. ¿De qué sirven esas sanguijuelas que exprimen al pobre pueblo mexicano y prostituyen y mancillan su deber político?
¿Cómo es posible que una reforma sea aprobada en unas cuantas horas por las dos Cámaras y que, de cascadita, sin discusión ni capacidad de escucha, los congresos locales las aprueben porque son todos del mismo partido, aunque de extracción distinta, pues la mayoría son expriístas, expanistas y experredistas, todos ellos de dudosa reputación? ¿Acaso no fueron muchos de ellos los que aprobaron las reformas de Peña Nieto y luego, chapulineando, las echaron para atrás, indignados por aquello que ellos mismos votaron? ¿Cuándo un diputado o un senador es capaz de escuchar a los ciudadanos de su distrito o de su Estado? Obedecen, como borregos o, mejor dicho, como prostitutas de cabaret barato al que les llega al precio, incapaces de pensar por sí mismos y de buscar el bien común. Eso sí, a ellos sí les va muy bien económicamente.
¿Cómo es posible que se haga una reforma, se cacaré y, después de un par de años, se eche para atrás porque la experiencia les restriega en la cara que hicieron un mal trabajo? ¿Por qué no escuchan a los especialistas, a la gente sensata? ¿Por qué no se toman el tiempo necesario para debatir con razones y no desde la irracionalidad ideológica? ¿Por qué lo tienen que hacer todo a prisa y “en lo oscurito”? ¿Por qué hacen tan mal su trabajo, si se les paga un dineral? Deberían renunciar a sus prestaciones por honestidad y vivir como vive la mayoría de los mexicanos que sí trabaja. Están prostituyéndose y prostituyendo las leyes y el Estado de Derecho, al que prometieron defender, no violar.
Y es fácil responder a esas preguntas, pues encontraron en los curules la forma fácil de vivir sangrando al pueblo y de encontrar fuero para esconder sus delitos. ¿Acaso no son casi vitalicios algunos de ellos? ¿Por qué no promueven alguna ley que prohíba ser diputado o senador por un tercer periodo, para dar oportunidad a otros ciudadanos de verdaderamente representar al pueblo? ¿No se dan cuenta de que el pueblo ya está harto de ellos, de los mismos que pasan de una cámara a otra, de esos sus falsos representantes, que representan solamente intereses de partido y nunca del pueblo?
