PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ
En el proceso electoral que acaba de iniciar, legalmente todo está bien, pero realmente se viola el sentido y el espíritu de la ley. Hipócritamente se hace la simulación de respeto a los tiempos legales, utilizando eufemismos que dilatan la realidad a sus intereses espurios. A los que Morena ha impuesto como candidatos a las gubernaturas en próxima disputa democrática ya no se les llama candidatos sino “coordinadores de la defensa de la 4T”, aunque actúan como candidatos y sus actividades políticas tienen todo el formato de una campaña electoral. Por otra parte, la jefa del ejecutivo nacional dícese ser una estadista, pero actúa como jefa de facción o de partido, haciendo campaña desde la mañanera y en sus giras, que más que eventos de Estado, son más unos mítines políticos a favor del partido gobernante.
La denuncia de que no se respetan los tiempos legales y de otras violaciones a la ley no llega a buen término porque el INE también ha entrado en modo simulación, como lo ha dicho ya claramente, aunque con otras palabras, el consejero Arturo Castillo. El otrora respetadísimo instituto electoral ahora se ve atrapado en conflictos de interés porque, incluso dentro de su estructura, no se ha respetado su carácter democrático.
Qué triste es ver que aquellos que durante su lucha por llegar al poder construyeron muchas de las cosas que hoy en el poder destruyen. La mayoría de las leyes que emanaron de las reformas electorales fueron promovidas por los personajes más ínclitos que hoy gobiernan el país, pero ahora son los mismos que las denostan o hacen una serie de maromas legales para violarlas o simplemente hacen un ejercicio de hipócrita simulación. Lo que lleva a pensar que no les interesaba la democracia, sino el poder, que ese ha sido el motor de su actuar, y una vez que lo tienen no lo quieren soltar.
La simulación no deja de ser un problema gravísimo para implementar el Estado de Derecho en México, pues lo importante no es la realidad objetiva, sino lo que aparece frente a la opinión pública o frente a quienes tienen que juzgar. Se trata de una falta de ética cívica, más que legal, puesto que, con cambiar el nombre y no la realidad misma basta para pasarse la ley “por el arco del triunfo”, pero las cosas son como son, aunque se les ponga otro nombre. Serán actos anticipados de campaña, aunque se les bautice como coordinación de defensa de la 4T; será injerencia del ejecutivo, aunque se le llame “informe”. Pero en fin, este es el modus operandi de este gobierno: cuando se desploma una maquinaria en la construcción le llaman “deslizamiento hacia el piso”; a los operadores políticos se les llama “siervos de la nación”; a la corrupción del dinero electoral se le dice “aportaciones al movimiento”; al descarrilamiento se le dice “percance de vía”. La simulación no es sólo un caso aislado, sino la forma inmoral de gobernar.
