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PERIPHERIA: ¡Queda el saco!

por Gabriela Ceja Ramirez
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Pbro. José Marcos Castellón Pérez

El pasado 8 de mayo, el Papa León XIV realizó una visita pastoral a Nápoles, una ciudad del sur italiano golpeada por el crimen organizado, la “camorra”, quizá el crimen madre y prototipo de las grandes mafias del mundo.

El Papa encontró a la comunidad cristiana napolitana en la catedral de la Asunción, aquella que resguarda la sangre de san Jenaro. El Cardenal Domenico Bataglia, Arzobispo de Nápoles, le dio la bienvenida diciéndole: “Bienvenido… a esta tierra bellísima y frágil… que conoce la fiesta dentro de la tempestad, no por ligereza sino por fidelidad a la luz… La sangre del mártir habla ahora, interroga la conciencia de la ciudad y de la Iglesia, nos pide qué cosa hacemos de las heridas de nuestro tiempo… la fe no es una costumbre, es una elección; no es protección, es don; no es refugio, sino compromiso frente a la historia”. Aunque sus palabras parecen describir nuestro país, el Cardenal Bataglia no estaba hablando de México, sino de la Campania italiana.

También el Papa responde, casi podríamos decir, por la semejanza de realidad, nos responde, releyendo el texto lucano de los discípulos de Emaús, e invitando a dar importancia al “cuidado” frente a tantos ejemplos de descuidos; descuidos que se manifiestan en la falta de mantenimiento de los espacios físicos de interés social, muchos de ellos considerados patrimonio histórico y cultural. También aquí el Papa parece describir el descuido en el mantenimiento de tantos hospitales, infraestructura carretera, escuelas, descuido en la atención oportuna a los jóvenes y a las personas vulnerables de la violencia, caldo de cultivo para los criminales.

El Papa invita a cuidar el interior de los agentes de pastoral para lograr un cuidado pastoral que cure las heridas provocadas por la pobreza y la violencia. Asumir “el compromiso del anuncio evangélico que ofrezca horizontes de esperanza y ayude a elegir siempre del bien” para hacer posible que la fe se haga vida en lo cotidiano. León XIV exhorta a que el cuidado de la vida interior tengan su punto focal en el encuentro con Cristo y en la vida fraterna, especialmente de los presbíteros. Fraternidad que vence la inercia del individualismo, fraternidad vivida pastoralmente en un trabajo que sea sinodal, capaces de discernir juntos los planes y las acciones pastorales para que no sean fruto de la iniciativa humana, siempre caprichosa, sino que correspondan y responda a las necesidades reales de la comunidad, discerniendo la voluntad de Dios. Por ello, el Papa pide: “escúchense, caminen juntos, generen una sinfonía de carismas y ministerios y, así, encuentren la modalidad de pasar de una pastoral de conservación a una pastoral misionera, capaz de estar en la vida concreta de las personas”.

El Romano Pontífice también reconoce y exige la responsabilidad de las autoridades civiles frente a la violencia que genera el crimen organizado, descrito por el Arzobispo napolitano como “criminalidad, mentira educativa y falsa promesa”. Podemos decir que, por estos mensajes, muy bien ¡nos queda el saco!

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