Inicio Prensa ArzobispadoLa Palabra del PastorPor una conversión ecológica

Por una conversión ecológica

por Quetzali Hernández
0 comentarios

Siempre hay que ir a los orígenes en todo problema, si somos personas de fe. En el principio de todo lo que existe está Dios, es el fundamento de toda la Creación. En los relatos de la misma leemos cómo el Señor va creando todas las cosas, y al  nal, al hombre, y lo crea diciendo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”.

Solo el hombre fue hecho a su imagen y semejanza de Dios, lo que implica Él nos da la capacidad de conocerlo, de relacionarnos realmente con Él, y también significa que somos corresponsables, con Dios, de su Creación.

El libro del Génesis señala que el Señor puso al hombre para que trabajara la Creación, le dio la capacidad de administrarla, y hay que reconocer que muchas obras buenas se han hecho en este sentido a lo largo de la historia.

Pero, en el aspecto antropológico, en el hombre como criatura, se introdujo la desobediencia y el pecado, y esto trastornó completamente el plan de Dios. Al desobedecer, el hombre pretendió desplazar al Señor y ponerse en su lugar.
Este cambio en el ser humano es la raíz ética y espiritual de los problemas ambientales.

Hay un sinnúmero de argumentos para decir que el descuido de la Creación tiene su origen en la condición de la criatura que quiere revertir su situación, es decir, sentirse dueño y señor, y darse el lujo de establecer las reglas de cómo vivir, convivir, relacionarse, qué hacer y qué no hacer, qué aprovechar, que desechar, y entre los desechos está la misma vida humana.

Si no le damos la importancia al origen del problema (una antropología errada), no vamos a llegar muy lejos, porque mientras unos hacen el esfuerzo por mejorar la realidad ambiental, si no existe la convicción de afrontar la antropología equivocada, no vamos a lograr casi nada.

Hemos sido evangelizados en una categoría o imagen antropológica que no abarca el tema de ser co-creadores. Hemos sido educados en una espiritualidad intimista, es decir, para vivirla solo dentro del templo, en nuestro interior, sin que repercuta en la realidad exterior. En este esquema, obvio que vamos a serajenos a la contaminación ambiental.

Nos corresponde hacer una conversión sincera de espiritualidad que nos comprometa, que nos cuestione y que nos impulse a ocuparnos, por ejemplo, en las personas que son dañadas por el agua contaminada, y aportar soluciones a éste y otros temas.
Si no hacemos esta conversión, no vamos a avanzar mucho, y siempre vamos a encontrar justi cantes y disculpas. Podemos recuperar ese proyecto de Dios; esto es ser criaturas redimidas, corresponsables con Él de su Creación, de custodiarla y sanar los daños que le hemos causado.
Además, hay que ser agradecidos por la naturaleza que el Señor nos ha dado, y actuar con una esperanza que no decaiga.

También te puede interesar