Inicio Cultura y FormaciónPregúntale al Padre: “Padre, ¿pueden recibir la Comunión los niños con autismo, síndrome de Down o con alguna discapacidad intelectual?”

Pregúntale al Padre: “Padre, ¿pueden recibir la Comunión los niños con autismo, síndrome de Down o con alguna discapacidad intelectual?”

por Gabriela Ceja Ramirez
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PBRO. EDUARDO MICHEL FLORES

Hace poco una señora me preguntó: “Padre, ¿pueden recibir la Comunión los niños con autismo, síndrome de Down o con cualquier discapacidad intelectual?”. Yo le respondí: “Sí. Un niño con autismo, síndrome de Down o cualquier discapacidad intelectual puede recibir la Sagrada Comunión. El diagnóstico o la discapacidad, por sí mismos, no constituyen un impedimento para recibir la Eucaristía.

La Iglesia no establece como criterio un determinado nivel de inteligencia ni exige que todos los niños alcancen exactamente el mismo grado de comprensión. Lo que debe valorarse es la capacidad concreta del niño para comprender el misterio Eucarístico en la medida de sus posibilidades.

El Código de Derecho Canónico, en el canon 913 §1, establece que, para recibir la Eucaristía, los niños deben tener suficiente conocimiento y haber recibido una preparación cuidadosa, «de manera que entiendan el misterio de Cristo en la medida de su capacidad, y puedan recibir el Cuerpo del Señor con fe y devoción».

Por tanto, la pregunta no debe ser simplemente: «¿Tiene autismo?», «¿Tiene síndrome de Down?» o «¿Tiene discapacidad intelectual?», sino: «¿Qué puede comprender este niño acerca de la Eucaristía y qué capacidad tiene para recibirla?»

Puede considerarse suficiente una comprensión sencilla: que el niño sepa que la Hostia consagrada no es un alimento ordinario, sino que en Ella recibe a Jesús; que manifieste de alguna manera su deseo de comulgar y que pueda recibir la Eucaristía con respeto y reverencia. No es necesario que pueda explicar conceptos teológicos como la transubstanciación ni expresar verbalmente una comprensión profunda del misterio.

La preparación, por tanto, debe ser personalizada y adaptada a las capacidades del niño. Algunos necesitarán más tiempo, repetición, recursos visuales, acompañamiento de sus padres o una metodología catequética diferente. Un niño puede tener dificultades para hablar o expresarse y, sin embargo, comprender perfectamente lo esencial de la fe Eucarística.

El canon 912 ofrece además un principio fundamental: «Todo bautizado a quien el derecho no se lo prohíba, puede y debe ser admitido a la sagrada comunión». La discapacidad no elimina la dignidad bautismal ni debe convertirse automáticamente en una barrera para los sacramentos.

Esto tampoco significa que deba darse la Comunión sin ninguna preparación. Es necesario valorar prudentemente la capacidad del niño para distinguir la Eucaristía del alimento común y para recibirla con la reverencia que corresponde. En casos de especial dificultad, el acompañamiento del párroco, de los padres y de catequistas capacitados resulta particularmente importante.

Por ello, no sería correcto establecer una regla general según la cual los niños con autismo, síndrome de Down o discapacidad intelectual no pueden hacer la Primera Comunión. La Iglesia debe buscar, más bien, los medios adecuados para que cada niño pueda encontrarse con Cristo y participar dignamente de la Eucaristía.

La clave pastoral es sencilla: no excluir por la discapacidad, pero tampoco prescindir de la preparación sacramental. Hay que conocer a cada niño, reconocer sus capacidades reales, adaptar la catequesis y ayudarlo a acercarse a Jesús Eucaristía con la fe y la reverencia que pueda expresar según su condición.

Ante un niño con autismo, síndrome de Down o discapacidad intelectual, el párroco debe conocer personalmente al niño, dialogar con sus padres y valorar su capacidad concreta. Lo esencial es que distinga la Eucaristía del alimento ordinario y comprenda, según sus posibilidades, que recibe a Jesús. La catequesis debe adaptarse a sus necesidades. Si comprende lo esencial y puede comulgar dignamente, debe ser admitido, sin discriminación por su discapacidad.

Hasta la semana que viene, si Dios quiere.

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