El deceso del Papa Francisco convocó en sus funerales, de acuerdo a datos oficiales de la Oficina de Prensa del Vaticano, a 60 Jefes de Estado y la representación de 140 delegaciones extranjeras, así como a más de 200 mil personas.
La Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, decidió no participar. Sobre su ausencia, la mandataria explicó, sin entrar en detalles: “No voy a ir a la ceremonia del Papa Francisco, y viene toda una crítica de por qué no voy. ¿Qué hubiera pasado si dijera que voy? Pues lo mismo, hubiera habido una crítica tremenda: ‘¿Dónde está la separación Iglesia-Estado? ¿Por qué está yendo a los funerales del Papa Francisco?’”, declaró durante la conferencia matutina del lunes 21 de abril.
Es decir, al final, para tomar su determinación influyó más el temor a la crítica de los que la hubieran visto en la Plaza de San Pedro. Ignoró el asombro de los que representa, que son más, en su país, porque según datos del INEGI, en el Censo de Población y Vivienda 2020, el 77.7% de la población mexicana se identificó como católica. Esto significa que aproximadamente 101 millones de personas profesa esta religión en México. Es, además, la segunda nación en el mundo con más católicos, solo detrás de Brasil (cuyo mandatario sí asistió al funeral).
La separación Iglesia – Estado, según la Ejecutivo Federal fue determinante para no estar presente.
Seguramente, por mencionar algunos, los presidentes de Estonia, Polonia, Francia, Ucrania, Estados Unidos, Argentina, Honduras, Ecuador, Italia, Brasil…
O los Primeros Ministros de Hungría, Italia, Gran Bretaña…
O los reyes de Bélgica, Suecia, España, por ejemplo…
O los príncipes de Inglaterra, Noruega, Mónaco, así como de organismos internacionales como la ONU, no saben o
pertenecen a un mundo subdesarrollado que no ha logrado entender que la separación Iglesia-Estado, que el laicismo, los debe obligar a no estar presentes en este tipo de ceremonias, y que se hubieran conformado con enviar representaciones. Habrá que explicarles que en México sí sabemos lo que es ser laico, de acuerdo al planteamiento de nuestro poder ejecutivo.
En esta decisión, el Gobierno Federal no se comportó (es lo que presumen) como representantes del pueblo (que se supone -dicen ellos- es el que manda), porque éste -el pueblo- hubiera querido estar presente en los funerales de Francisco, pueblo que lo conforman casi el 80% de los ciudadanos.
Se dejaron de lado, por lo menos, dos acontecimientos que no debemos ignorar. Uno, que el Papa Francisco había visitado México, en febrero de 2016, cuando gobernaba el mismo partido al que la Presidente pertenece, y que, sin duda, sacó mucho provecho del “pueblo” que les gusta atender.
El otro, cuando ella, siendo candidata al puesto, fue recibida por el Pontífice, en febrero de 2024. Ahí no pesó la separación Iglesia – Estado. Había, por supuesto, muchos intereses de por medio más fuertes.
Además, el nombre de su partido es una clara alusión a la Imagen de la Guadalupana, nombre al que le han sacado mucho provecho.
Con esto nos damos cuenta del nivel de política internacional y de relaciones exteriores que tiene actualmente nuestro país, aunque duela, y las conveniencias que prevalecen.
