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Prevenir

por Quetzali Hernández
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PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

Bien dice el dicho que “más vale prevenir que lamentar”, pero desgraciadamente en México no se tiene mucho aprecio a eso de la prevención; si bien nos va, cumplimos más otro dicho que dice: “ahogado el niño se tapa el pozo”. Y digo, “si bien nos va”, porque ciertamente el país ha aprendido a sortear algunos fenómenos de la naturaleza después de tantísimas muertes causadas por esa falta de prevención.

Cada año sufrimos, de manera especial en Guadalajara, inundaciones por el temporal de lluvia, que las autoridades dicen se deben, las inundaciones, al “atípico temporal”. Pero si cada año se inunda, ¿en dónde está lo atípico? ¿Acaso no será que no se han atendido las causas humanas que provocan esas desgracias? ¿No pueden prevenirse, conociendo ahora con tanta precisión meteorológica los fenómenos ambientales? ¿Cuántas vidas y bienes se pueden resguardar si se tuviera una mejor manera de sortear los fenómenos naturales? Y eso que nos preguntamos de Guadalajara, lo podemos hacer, lamentablemente de las inundaciones en la Huasteca y Veracruz que tantos muertos y pérdidas materiales dejaron este fin de semana pasado.

La falta de prevención más grave, en este caso, está en la falta de infraestructura, tanto hídrica como en la comunicación por puentes, caminos y carreteras, así como la invasión de terrenos que pertenecen a ríos, arroyos o vasos lacustres para transformarlos en desarrollos urbanos.

La infraestructura social está en condiciones deplorables que imposibilitan la movilidad ordenada y ágil. Las calles de la ciudad, incluso avenidas de mucho tráfico, así como las carreteras estatales y federales están llenas de baches, en algunos casos hasta socavones se han hecho por falta de mantenimiento. ¿Cómo se podría sortear favorablemente un fenómeno de la naturaleza, evitando las desgracias, con una infraestructura tan maltrecha? ¿Cómo es posible que no se haya previsto un desagüe de los lugares que comúnmente son puntos rojos en las inundaciones?

Por otra parte, más que un problema de fenómenos de la naturaleza atípicos, debemos de hablar de corrupción de autoridades que, sin escrúpulos, han dado los permisos de construcción en lugares que deben considerarse como reguladores de agua, especialmente lo que, antes de la invasión urbana, eran causes de arroyos o ríos. También los ciudadanos somos corresponsables, en muchas ocasiones, porque nos hemos acostumbrado a hacer de la calle un tiradero de basura que, evidentemente, durante las lluvias tapan las alcantarillas y pueden provocar inundaciones.

Este año el temporal está ya casi por terminar, sino es que ya, pero desde ahora se deben tomar cartas en el asunto, hacer lo que se tenga que hacer y hacerlo bien para que no vuelva a suceder el año que viene. Si no, estaremos lamentando de nuevo, como cada año, lo que hoy pudimos prevenir… y escuchando de las autoridades, quizá por falta de memoria, corrupción o irresponsabilidad, que el temporal fue atípico, como lo fue este. Estamos muy a tiempo; no se tendrán pretextos ni excusas para que no vuelva a suceder.

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