Inicio QUIEN DECIDE SOBRE LAS GUERRAS, TENDRA QUE RENDIRCUENTAS A DIOS

QUIEN DECIDE SOBRE LAS GUERRAS, TENDRA QUE RENDIRCUENTAS A DIOS

por Gabriela Ceja Ramirez
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EL PRIMER VIACRUCIS DEL PAPA LEON XIV

Ramiro Escoto Ratkovich



Por primera vez desde 1964, un Papa cargó personalmente la cruz a través
de todas las estaciones del Vía Crucis en el Coliseo. Su mensaje sobre la
guerra: «Hay quienes creen tener autoridad ilimitada».
Inspirado en la plegaria de San Francisco de Asís, el Papa invitó a “vivir
nuestra existencia como un camino de participación progresiva en la relación
de amor que une al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”.
El Anfiteatro Flavio se llenó la noche de este Viernes Santo, hora de Roma,
de más de 30 mil fieles: padres con sus hijos, jóvenes y adolescentes,
sacerdotes, religiosos y religiosas, peregrinos de distintos lugares, porque
este viacrucis llamaba específicamente a lo que Jesús vino a darnos cuenta
hace casi 3 mil años: que la paz sea con todos nostros.
Las antorchas, pequeñas luces que iluminaban la tenue oscuridad, se
sostenían junto a los libretos, cuyo contenido es parte de las inspiración del
Padre Francesco Patton, un fraile menor y excustodio de Tierra Santa, quien
en el camino de Jesús hacia el Gólgota vislumbra los desafíos del mundo
actual.


El Papa, acompañado por dos jóvenes portadores de antorchas, sostuvo la
cruz durante las catorce estaciones, cinco dentro y nueve fuera de la antigua
arena, iluminada por focos y velas, convirtiéndose, de este modo, en el
segundo Pontífice en portarla (San Juan Pablo II la había llevado entre 1980
y 1994), su gesto buscaba dar “una señal importante”: mostrar que Cristo aún
sufre y llevar los sufrimientos de la humanidad en sus oraciones, como “líder
espiritual hoy en el mundo”.
En un contexto marcado por guerras, fracturas sociales y creciente
incertidumbre, el Papa ofreció una catequesis silenciosa: no se trató solo de
representar la Pasión de Cristo, sino de asumir, de manera tangible, el
sufrimiento de tantas personas. Estación tras estación, su gesto recogió el
dolor disperso de la humanidad y lo elevó al misterio de la redención.
«Al final de este Vía Crucis, hagamos nuestra la oración con la que San
Francisco nos invita a vivir nuestra vida como un camino de progresiva
participación en la relación de amor que une al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo…
“Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, danos a nosotros,
miserables, hacer por ti mismo lo que sabemos que tú quieres, y siempre
querer lo que te place, para que, interiormente purificados, interiormente
iluminados y abrasados por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las
huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y por sola tu gracia llegar

a ti, Altísimo, que, en Trinidad perfecta y en Simple Unidad, vives y reinas y
eres glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de los siglos. Amén”

QUIEN DECIDE SOBRE LAS GUERRAS, TENDRA QUE RENDIRCUENTAS A DIOS

por Gabriela Ceja Ramirez
0 comentarios


EL PRIMER VIACRUCIS DEL PAPA LEON XIV

Ramiro Escoto Ratkovich



Por primera vez desde 1964, un Papa cargó personalmente la cruz a través
de todas las estaciones del Vía Crucis en el Coliseo. Su mensaje sobre la
guerra: «Hay quienes creen tener autoridad ilimitada».
Inspirado en la plegaria de San Francisco de Asís, el Papa invitó a “vivir
nuestra existencia como un camino de participación progresiva en la relación
de amor que une al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”.
El Anfiteatro Flavio se llenó la noche de este Viernes Santo, hora de Roma,
de más de 30 mil fieles: padres con sus hijos, jóvenes y adolescentes,
sacerdotes, religiosos y religiosas, peregrinos de distintos lugares, porque
este viacrucis llamaba específicamente a lo que Jesús vino a darnos cuenta
hace casi 3 mil años: que la paz sea con todos nostros.
Las antorchas, pequeñas luces que iluminaban la tenue oscuridad, se
sostenían junto a los libretos, cuyo contenido es parte de las inspiración del
Padre Francesco Patton, un fraile menor y excustodio de Tierra Santa, quien
en el camino de Jesús hacia el Gólgota vislumbra los desafíos del mundo
actual.


El Papa, acompañado por dos jóvenes portadores de antorchas, sostuvo la
cruz durante las catorce estaciones, cinco dentro y nueve fuera de la antigua
arena, iluminada por focos y velas, convirtiéndose, de este modo, en el
segundo Pontífice en portarla (San Juan Pablo II la había llevado entre 1980
y 1994), su gesto buscaba dar “una señal importante”: mostrar que Cristo aún
sufre y llevar los sufrimientos de la humanidad en sus oraciones, como “líder
espiritual hoy en el mundo”.
En un contexto marcado por guerras, fracturas sociales y creciente
incertidumbre, el Papa ofreció una catequesis silenciosa: no se trató solo de
representar la Pasión de Cristo, sino de asumir, de manera tangible, el
sufrimiento de tantas personas. Estación tras estación, su gesto recogió el
dolor disperso de la humanidad y lo elevó al misterio de la redención.
«Al final de este Vía Crucis, hagamos nuestra la oración con la que San
Francisco nos invita a vivir nuestra vida como un camino de progresiva
participación en la relación de amor que une al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo…
“Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, danos a nosotros,
miserables, hacer por ti mismo lo que sabemos que tú quieres, y siempre
querer lo que te place, para que, interiormente purificados, interiormente
iluminados y abrasados por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las
huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y por sola tu gracia llegar

a ti, Altísimo, que, en Trinidad perfecta y en Simple Unidad, vives y reinas y
eres glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de los siglos. Amén”