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¿Quién gobierna en México?

por Quetzali Hernández
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Cardenal Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de las Casas

Aunque las autoridades se han negado sistemáticamente a aceptar la presencial real del crimen en el país, la realidad versa de sus declaraciones

HECHOS
Es molesto que un extranjero afirme que en nuestro país gobierna el crimen organizado. Aunque nuestras autoridades sostengan lo contrario, hay hechos que confirman que eso es lo que está sucediendo en algunos lugares y sectores. Conozco, al respecto, datos de primera mano; ahora enumero algunos relacionados sólo con la extorsión que, en mi región, es el mayor negocio, más que la producción, procesamiento o traslado de drogas.

Los grupos de diferentes agrupaciones dedicadas a extorsionar imponen el precio de casi todo, desde la tortilla y el huevo, hasta los materiales de construcción. Esto encarece los productos, y no hay quien lo pueda evitar y controlar. Los que más sufren son los pobres.

Quienes se dedican a vender carne de res, de cerdo o borrego, por kilos, en tacos, en carnitas, en chicharrones o en otras formas, deben comprar los animales a quienes esos líderes ordenan y al precio que imponen. Quienes tienen un establecimiento comercial, deben pagarles una cuota; de lo contrario, se exponen a todo tipo de represalias, como la quema de sus negocios y el asesinato de quienes se niegan. Esto lo vemos a cada rato y por todas partes.

En mi pueblo, muchos tenían cámaras de vigilancia al exterior de sus casas. Ellos ordenaron quitarlas y así se ha hecho; sólo las mantienen al interior de sus domicilios. De esta forma, evitan que haya pruebas de lo que hacen y deshacen libremente por las calles.

En la tala de montes, son ellos los que determinan los árboles que deben tirarse y ellos son los que comercializan la madera, que pasa libremente por nuestras carreteras. Se ha hablado de esto con diferentes autoridades, pero no lo han podido evitar; la tala no se detiene. Les dan cualquier cantidad a los campesinos y ejidatarios para taparles la boca.

Autoridades locales, como delegados municipales, comisariados ejidales o presidentes de bienes comunales, deben colaborar con ellos para cobrar las cuotas que imponen a los agricultores, fruticultores y floricultores. Un campesino debe pagarles cada año un peso por metro cuadrado y son las autoridades menores quienes llevan el registro, cobran la cuota y se las entregan a ellos. ¡Ay de aquel que no les obedezca! No son cómplices, sino esclavos.

Es voz popular que, en las elecciones de junio pasado, ellos eran quienes autorizaban quiénes podían competir en el proceso. Y una vez elegidos sus candidatos, les exigen una cuota millonaria mensual u ocupar cargos estratégicos; tienen que “negociar” con ellos.

Presidentes municipales, policías locales y otras autoridades menores deben someterse a sus órdenes. No son colaboradores ni cómplices, sino oprimidos por quienes gobiernan la región. A veces las autoridades judiciales detienen y encarcelan a algunos de estos funcionarios como si estuvieran implicados en esos crímenes, pero la mayoría son inocentes. No detienen a las cabezas que están gobernando nuestras regiones y todo mundo sabe quiénes son y dónde viven. Nadie se atreve a denunciarlos por temor a represalias.

Organizaciones de taxistas están bajo sus órdenes. Les exigen hacer bloqueos de carreteras para que no pasen el ejército o las policías que los persiguen. Si le piden a un taxista que lleve un paquete a un lugar o a una persona, no sabe el contenido; puede ser droga, dinero o un arma. Si lo detienen, a él se le acusa y va a la cárcel sin considerar que es una víctima inocente. No detienen a los capos, sino a los que son obligados a hacer algo ilegal.

Y como estos casos, hay tantísimos otros, que muchos de ustedes conocen y que nadie denunciamos judicialmente, no por ser colaboradores, sino por temor a las consecuencias.

Cierto que parece haber un cambio en la estrategia federal para combatir estos crímenes; cierto que se deben atacar las causas de esta violencia ofreciendo estudio, trabajo y apoyos sociales, pero a esos criminales eso no les interesa; lo que les importa es sacar la mayor cantidad de dinero que puedan. No les importan ni los buenos consejos, ni los abrazos, ni nuestras predicaciones y consejos. No le tienen miedo a militares y policías, porque a poca distancia de retenes policíacos o del ejército se pasean como por su casa. Les importa el poder político, no para servir, sino para enriquecerse a costa del pueblo, que soporta sus extorsiones porque no le queda otra opción para subsistir.

ACCIONES
Si te es posible, informa a las autoridades lo que estamos viviendo, para que conozcan mejor la realidad y no sigan diciendo que el país está muy bien; pero hazlo en forma confidencial y sólo con quien tengas confianza de que no se van a enterar lo criminales… para no exponerte. Y oremos al Señor para que ilumine a nuestras autoridades y hagan algo más efectivo por la paz social.

Como un episodio de terror, el crimen organizado controla la tala de montes

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