
El Santo Evangelio de hoy suscita muchos cuestionamientos (Lc 21, 5-19). Por eso nuestra Santa Iglesia, madre y maestra entrañable, desde el propio comienzo de la Sagrada Eucaristía, en la antífona de entrada, nos invita a vigorizar nuestra fe, manteniendonos firmes, renovando nuestra confianza en el Señor: “Yo tengo designios de paz, no de afiicción, dice el Señor. Ustedes me invocarán y yo los escucharé y los libraré de la esclavitud dondequiera que se encuentren”.
EL RITMO DE DIOS ES DIFERENTE
El texto inicia con el recuerdo de una advertencia que hiciera el Señor Jesús con respecto a la destrucción del Templo (véanse vv. 5-6) y, entonces, le preguntaron:
“Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?” (v. 7).
En el tiempo en que Lucas redactó su obra no eran pocos los que creían que estaban cruzando la frontera final de la historia, motivo por el cual evoca a diversos exaltados que se presentaron como salvadores vinculando su mesianismo con la caída de Jerusalén y el fin del mundo (compárese Hch 5, 36-39). El Evangelio alude al tema del juicio final. Lucas nos presenta a Jesús, ciertamente, empleando lenguaje procedente de la tradición apocalíptica para prevenir contra los falsos profetas (véanse vv. 8-11). En esta sección de su obra el evangelista insiste en que el fin no vendrá de inmediato, eliminando la fiebre mesiánica o escatológica que al parecer reinaba en ciertos sectores de la comunidad lucana (compárese Lc 17, 23 y 19, 11).
Un joven Sacerdote, el padre Emilio Sierra (1988), en un libro precioso, que me gusta mucho recomendar, nos invita a meditar: “El ritmo de Dios es diferente como la semilla que crece poco a poco” (Casualidad y Providencia, dBolsillo 896, Palabra, Madrid 2019, pág. 36)
LLAMADOS A SER TESTIGOS DEL SEÑOR
Jesús, enseguida, predijo las tribulaciones que habrían de sufrir sus discípulos: “Pero antes de todo esto los perseguirán a ustedes y los apresarán, los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía” (v. 12). Los que hemos decidido seguir al Señor Jesús, no debemos preocuparnos ni siquiera de preparar nuestra defensa, porque el Señor mismo nos dará palabras sabias (véase vv. 14-15). Y todo ello sucederá para que “den testimonio” (v. 13).
“SI SE MENTIENEN FIRMES, CONSEGUIRÁN LA VIDA”
El Señor Jesús nos exhorta a perseverar hasta el final con la seguridad de que saldremos victoriosos, porque en todo momento y circunstancia tendremos su protección:
“Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes. Si se mantiene rmes, conseguirán la vida” (vv. 16-19).
Muy apreciables lectores, para actualizar el Santo Evangelio del día de hoy, los invito a ser conscientes de que el Señor Jesús nos promete, que no obstante que algunos de los suyos sean asesinados no podrán finalmente ser destruidos, pues su salvación está asegurada, lo cual nos motiva a mantenernos firmes, renovando más y más nuestra confianza en él.

