Víctor Ulín

Es verdad que cuando se trata de aumentos de los servicios públicos siempre estamos a la defensiva. Y nos asiste, en la mayoría de los casos, la razón y la desconfianza de que lo que pagamos no termine en la mejora de los servicios o para resolver problemas urbanos propios de una ciudad.
Pero cuando se trata de un recurso natural como el agua, al que, efectivamente, tenemos derecho y el gobierno la responsabilidad de proveer, el debate cambia, se politiza y se vuelve controversial por las posiciones polarizadas.
Lo que sucede en el mundo, y en particular aquí en Jalisco con la cuestión del agua -cuando sabemos que la guerra por los recursos naturales es ya una realidad -, no es para tomarlo a la ligera o para radicalizarnos a partir de una postura política o de una resistencia para aceptar respuestas y argumentos distintos que contradicen el mero rechazo que pueda haber.
Nos hemos acostumbrados a que lo que no cuesta mucho o nada, aun siendo vital, no hay razones para pagarlo o aumentarle de precio, y más si se trata de un recurso natural o servicio público prestado, en este caso, por el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA)
Es contradictorio lo que a veces sucede con nuestro comportamiento cotidiano, en el que hemos normalizado hasta lo que nos mata: no decimos nada -en la clase social que usted guste – cuando la empresa refresquera decide subirle de precio a su producto o cualquier cervecería el suyo, que es con mucha regularidad, pero paramos la ciudad si se trata de pagar unos pesos más por el servicio de agua, que no es tan frecuente y muchas veces necesario.
Tampoco decimos mucho cuando en la semana desembolsamos 35 o 45 pesos por uno o más garrafones de agua de alguna empresa privada, o hasta los 12 o 18 pesos que pagamos por el relleno de los mismos en los miles de despachadoras que están dispersas en la ciudad.
La reciente aprobación del decreto en el Congreso para que se aumente un 9.65 por cierto la tarifa de agua en Jalisco visibilizó las vitales implicaciones del agua en nuestras vidas, y dejó el debate político en un segundo término.
La decisión de los legisladores locales nos tendría que obligar como ciudadanos a repensar ahora el uso racional que tenemos que hacer del agua en la vida cotidiana, y a darle en su justa dimensión el valor que tiene y debe tener.
Tenemos que hacernos responsables de lo que estamos o no haciendo con nuestros recursos naturales, y que su existencia depende fundamentalmente de nuestras acciones en el día a día.
Si bien lo aprobado por los legisladores es una tarifa que anualmente se ajustará a la inflación, es también realista y tiene consideraciones que hay que destacar por su impacto social que favorece finalmente a la gente.
De acuerdo con el decreto, habrá un margen para aplicar descuentos de 50 por ciento en colonias de Zapopan, Guadalajara y Tlaquepaque que enfrenten problemas de calidad del agua o interrupciones por más de 15 días consecutivos, así como tarifas diferenciadas para adultos mayores, pensionados, personas con discapacidad, viudos y viudas, y habitantes de zonas de alta marginación, que las hay.
También, y esto es sumamente importante, se le exige al SIAPA la elaboración de un diagnóstico integral sobre su operación y una propuesta de plan de acción con metas e indicadores; una auditoría externa, la entrega de informes trimestrales al Congreso y la implementación de programas comunitarios de captación de agua pluvial y concientización sobre su cuidado.
Por supuesto que el gobierno estatal y los municipales tendrán que hacer buen uso de los recursos para mejorar la infraestructura urbana, o bien que se vea reflejado en la mejora de las ciudades
El ciudadano que a partir de ahora pagará la nueva tarifa base de 85.85 pesos en su caso por el consumo de cero a 5 mil litros cada mes, tendrá la autoridad moral y legal de exigir un servicio y agua de calidad, amén de un uso transparente de sus impuestos de parte del gobierno para que deje de predominar la idea de que los impuestos acaban en las cuentas bancarias de los gobernantes.
Que todo sea para la mejora del servicio y de la calidad de vida de los tapatíos, que son corresponsables de valorar y cuidar de un recurso vital como es el agua, de la que ya la naturaleza, por cierto, nos está dando muestras -sea con torrenciales “atípicos” e inundaciones- de su poder en tierra y desde el cielo.

